It is a common assumption that money corrupts people, even that “money is the root of all evil”, but to which extent is that actually true?
Many studies have been conducted regarding this matter, since it is important from an anthropological point of view, to understand how the socioeconomic system -specially the monetary system- affects the behavior of people and shapes their moral compass. The results have been extremely interesting, as explained further. The current economic model encourages people to pursue success trough the acquisition of property, competition and status recognition. Despite several studies indicating that money is only related to happiness to a very limited extent, the media keeps telling us that material abundance is the way to achieve true happiness.
Because becoming rich is what this system puts on a pedestal, it is important to analize the psychologial impact that wealth has on the morals and behavior of people while interacting within a society.
A study of the University of California Berkeley, in the USA, showed extremely surprinsing and disturbing results. People with money are not only most likely to cheat, lie, take advantage of others and break the law, but they actually feel entitled to do so because of their privileged position. Rich people -no matter their background- tend to disregard all the external factors that enabled them to become what they are, and instead credit their own individual skills and abilities for the success they achieve, even when it is evident that they received external support. Wealthy individuals see their morals altered since they have a sudden feeling of self-achievement, they feel superior and therefore the rules don't apply -or apply differently- to them. See the report here:
Money on the mind
These results are extremely important in relation on how society functions nowadays. This sense of entitlement that becomes part of people once they have enough resources to become self-reliant, perpetuates an economic paradigm based on structurual inequality, which is very harmful for the individual and society in general, as Richard Wilkinson has pointed out in his work. Inequality is one of the root causes of violence and social stress, since it is common to have a natural agressive response when unfairness is intrinsic in the system and is a key element for it to function. Even animals have a sense of fairness, and they react in a very hostile manner when they receive an unequal pay for equal job, which is the modus operandi of the capitalist system. See this presentation:
In a system where the rich are given a lot of advantages over the poor and they don't even acknowledge it, social mobility will be extremely rare and aggression will become part of the every day life, since it would be a mean to obtain the necessary resources for survival. The profit motive, competition, the acquisition of property and best self-interest as the core premises of an economic system must be outgrown in order to create a true just economy and equal access to vital -and non vital- resources for everyone.
So, the next time you hear the phrase money changes people, be aware that it might actually be true.
"El
dinero es la raíz de todos los males", se dice popularmente, aseveración
que Ayn Rand -paladín del egoísmo y el interés personal- pretendió
insistentemente desmentir con el extenso discurso de Francisco D'Anconia,
personaje de su novelaLa
rebelión de Atlas. El dinero es el último paso en la evolución del
intercambio de bienes, es un amplificador de lo que ya se es, es un mecanismo
de distribución de recursos, es un simple medio que permite intercambiar valor
por valor, dijo. Si el dinero es la raíz de todo lo malo, entonces también lo
es de todo lo bueno, concluyó Rand. Aun cuando no comparto en lo más mínimo la
retórica de esta afamada -o infame- filósofa, no podría estar más de acuerdo:
el dinero no es la raíz de todos los males. El dinero sólo es un producto
derivado de un sistema productivo ideado para intentar resolver -sin éxito- el
"problema económico": los recursos son limitados y los deseos son
infinitos.
Pero si no
es el dinero, entonces ¿será Satán, Lucifer, Belcebú, el diablo, Satanás, elángel caídoel que siembra el mal en la
Tierra? Ésta ni siquiera debería ser una hipótesis, pero dado el estado de misticismo
y superstición en el que se encuentra el mundo moderno, es necesario tratar el
tema. La humanidad, con sus adelantos científicos y tecnológicos, todavía se
encuentra en su infancia en lo que a develar el origen del universo se refiere.
Aún cuando una vastedad de preguntas han sido contestadas mediante la
aplicación del método científico como herramienta para descubrir la verdad, una
infinidad de interrogantes prevalecen, y más en relación al origen de las leyes
naturales y funcionamiento del cosmos. Esa ignorancia abre la brecha para que
el pensamiento irracional -característico de eras oscuras- se adueñe delzeitgeisty se atribuyan explicaciones
sobrenaturales a fenómenos que no se comprenden. La raíz del mal es uno de
ellos. Diversas ideologías dogmáticas tratan de atemorizar al hombre con
demonios y espíritus que inducen al mal, pero cualquier persona que piense con
una pizca de racionalidad entenderá que no hay espacio para dichas
insensateces. No hay fuerza sobrenatural que cause la maldad, y punto. Elaborar
en esto es para otra entrada.
Ahora, si
el mal no es producto del dinero ni de lo sobrenatural, ¿lo será entonces de la
"naturaleza humana"? El humano es un ser inherentemente agresivo,
competitivo, intrínsecamente peligroso profesaba Freud. Los instintos humanos
debían ser restringidos con normas y convencionalismos sociales, reprimidos
para que el hombre no se dañe a sí mismo ni a los demás. Teoría similar sostuvo
siglos antes Hobbes, indicando que elLeviatán-Estado- debía ser la herramienta de
control por excelencia que mantuviera el sometimiento al orden para que la
civilización perdure con equilibrio social. Sin embargo, estudios
recientes en el campo de la neurociencia -ver a Sapolsky, Gilligan,
Mate y Wilkinson- sugieren que el ser humano puede ser categóricamente
condicionado por su entorno, y que a pesar de poseer consciencia, ésta se ve
enormemente influenciada por las circunstancias que le aquejan. Son muy
puntuales al indicar que, a pesar de la presencia de predisposición genética,
ésta necesita ser activada por el entorno para manifestarse. La famosa
"naturaleza humana" es esencialmente inexistente, el ambiente
-entorno, condiciones subyacentes- es el que forma la idiosincrasia del
individuo y define el comportamiento que exterioriza.
Vaya, pero
si el ser humano no es malo por naturaleza, ¿qué lo hace comportarse de forma
tan aberrante?
Algunos
incautos señalarían de forma precipitada que es el hambre de poder, la codicia
y el deseo de ser superior a quienes lo rodean lo que causa la
"maldad" -lo que sea que ésta signifique-. En dicho supuesto,
caeríamos entonces en un argumento circular, ya que sería válido cuestionar qué
es lo que hace que el ser humano querer ser todas las anteriores.
Me atrevo a
decir, sin el menor tinte de arrogancia, que la verdadera raíz de todos los
males que aquejan y han aquejado a la humanidad es la falsa noción de que en el
mundo no hay suficientes recursos para satisfacer las necesidades y deseos de
todos. Es en base a esa idea que se han diseñado los sistemas económicos
pasados, presentes y seguramente futuros, y también se han manipulado los
medios de producción. El famosomaterialismo
históricodel que hablaba
Marx: que la forma en que el ser humano produce los recursos que necesita para
su subsistencia repercute crucialmente en todos los demás aspectos de su vida,
es notorio. La condición de escasez que ha acompañado al ser humano -y a todas
las demás especies- desde su origen es la devastadora raíz del "mal",
a mi humilde parecer. Esta idea de insuficiencia material es la que llevó al
biólogo inglés Herbert Spencer a acuñar la frasesurvival of the fittest(supervivencia del más apto) después
de haber leídoEl origen de
las especiesde Charles
Darwin, estableciendo básicamente que es el organismo más fuerte, más voraz,
más ambicioso, que logra acumular más recursos, el que exitosamente se
procurará las condiciones necesarias para su supervivencia y la de sus
descendientes. Mientras tanto, los débiles están condenados a la perdición.Darwinismo social, premisa bajo
la cual se basa el sistema capitalista actual. Válgase quien pueda.
Es la
condición de eterna angustia, de incertidumbre, de privación, de desigualdad la
que causa que el ser humano sea codicioso, hambriento de poder y competitivo.
Son las actitudes anteriores las que conducen al ser humano a hacerse de lo que
necesita para sobrevivir en un mundo donde la satisfacción de los deseos está
sujeta a la supuesta -porque ya no es el caso- escasez de recursos vitales. La
guerra, la violencia y la pobreza son producto de la necesidad de hacerse de
recursos existentes únicamente para ciertos grupos privilegiados. Perola guerra es obsoletadecía Buckminster Fuller. Los
seres humanos contamos con la capacidad técnica para proveer acceso a las
necesidades básicas a todo el mundo. Lo anterior es ilustrado con detalle en el
documentalParadise
or Oblivion(Paraíso o
perdición) de Jacque Fresco, creador delProyecto
Venus. Los recursos de la Tierra deben administrarse técnicamente para
procurar acceso abundante para todos.
Si se
quieren buenas personas, hay que procurar que se desarrollen en buenas
condiciones. No es casualidad que los países en los que los recursos son más
escasos y están desigualmente distribuidos, los índices de violencia y crimen
sean mucho más altos. La delincuencia sólo responde a esa obvia realidad de
tener que hacer lo que sea necesario para hacerse de los medios para sobrevivir
en un ambiente de privación, hostilidad y escasez. La problemática es tan
fácilmente solucionable, como darle a la gente lo que necesita,como dice Peter Joseph enZeitgeist:
AddendumyZeitgeist:
Moving forward.Aunque lo
anterior suena sumamente utópico e inviable, es técnicamente posible si se
dejara de utilizar el sistema monetario/de mercados como mecanismo de
distribución de recursos. Esto haría revolcarse en su tumba a Von Mises
-paladín del orden espontáneo y el mercado como panacea. El problema con el
sistema de mercados es que es un mecanismo que tiene como objetivo administrar
la escasez, no le interesa crear abundancia ya que ésta es contraproducente
para su funcionamiento. En un mundo de recursos enteramente abundantes, los
mercados y el dinero simplemente serían obsoletos.
"El
mundo provee lo suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no la
codicia de uno solo"dijo Gandhi.
Es de vital importancia entender que las condiciones subyacentes son las que
determinan el comportamiento de las personas, inclusive el aberrante. El libre albedrío
es limitado al entorno, y si el entorno es hostil, es muy probable que el individuo
se torne hostil para enfrentarlo. Si creamos una sociedad con acceso suficiente
-o abundante- a recursos vitales y acabamos con la falsa noción de que no hay
suficiente para todos, habremos acabado con la raíz de todos los males.
"Al ser humano se le escapa la vida persiguiendo la riqueza que, según él, le comprará tiempo libre después."
Alfie Kohn, educador estadounidense poco ortodoxo, indica
en su libro “No contest: the case against competition”, cómo factores externos influyen en la motivación que tienen
las personas para realizar diversas actividades, en especial su empleo.
Critica duramente la popular noción de que el hombre es competitivo por
naturaleza, y que la competencia lejos de ser un propulsor del progreso -según
la teoría económica liberal, especialmente- se convierte en un disuasivo, disminuyendo el nivel de satisfacción que se obtiene al desempeñar distintas acciones. El tema principal de la obra de Kohn es cómo los beneficios de la cooperación superan abismalmente a los de la competencia. Pero ese no es el tema central que se pretende desarrollar aquí.
Juntamente con el factor de la competencia, incide
también el lucro. Las personas primordialmente realizan actividades porque les
gusta, les producen satisfacción y desarrollan un inherente deseo de mejorar sus
habilidades en los campos de su agrado. Cuando el dinero se vuelve parte de la
ecuación, muchas veces la actividad per
sé pasa a un segundo plano y la obtención de una recompensa económica se
convierte en el objetivo central. Un artista que se niega a presentarse ante una
audiencia que aprecia su trabajo porque no recibirá un pago a cambio, por ejemplo.
Kohn, en una lectura, plantea un ejemplo bastante gracioso y además muy ilustrativo de como el lucro puede volverse un desincentivo en el actuar humano:
Un antropólogo y profesor universitario tenía problemas
con unos jóvenes que todos los días se situaban a la salida de su cátedra para insultarlo. Después de varias semanas tratando de
disuadirlos -sin éxito- el profesor tuvo una idea. Otro día, como de costumbre, los jóvenes se encontraban perturbando el orden, así que en ese momento el profesor se les acercó y
les dio un dólar a cada uno, diciéndoles que si regresaban al día siguiente les
daría cincuenta centavos. Y así fue. Al tercer día les dijo que por favor regresaran, que les daría veinticinco centavos si lo hacían. Los jóvenes en efecto regresaron y recibieron su
recompensa. Al cabo de un par de días más, el profesor les dijo que si seguían viniendo
les pagaría cinco centavos a cada uno, a lo que los jóvenes contestaron que estaba
loco, que por diez centavos no valía la pena regresar y que no los esperara al
día siguiente. Los sujetos abusivos no volvieron jamás. Su idea fue un éxito. Utilizó el lucro para distorsionar los
valores de los jóvenes. Compró, sobornó su motivación intrínseca: algo que ellos hacían por el simple hecho de querer
hacerlo -perturbar el orden e insultar- pasó a un segundo plano cuando la
promesa de una retribución económica entró en la ecuación. La progresiva disminución
de su pago desmotivó la continuación de la actividad principal.
El incentivo de lucro es, según la teoría económica, el
motor detrás de la actividad productiva del hombre. Es la especulación de obtener
una ganancia monetaria la que genera la motivación necesaria para que las personas
trabajen. Como una vez dijo el afamado -o infame- economista Milton Friedman: “No es por la caridad del panadero que tengo
pan en mi mesa, sino gracias a su deseo de lucrar vendiéndome pan fresco”, parafraseando a Adam Smith, el padre de la economía moderna. Por
supuesto que dentro del paradigma económico actual eso es cierto, pero si lo
vemos desde un punto de vista más general, fuera del contexto
económico y más desde una perspectiva holística: ¿es el lucro el verdadero
incentivo para hacer todas las cosas?
Ludwig von Mises, otro sobresaliente economista y partidario de
la Escuela Austriaca de Economía, al estudiar la acción humana o praxeología, indica que el ser humano siempre actúa en función
especulativa de pasar de un estado de menor satisfacción a un estado de mayor
satisfacción. Lo anterior se complementa con el concepto de ex ante y ex
post introducido por el economista sueco Gunnar Myrdal en su trabajo sobre
teoría monetaria. El hombre siempre está buscando pasar a un estado mejor, desde su apreciación subjetiva por supuesto.La cultura
consumista moderna nos ha bombardeado con la idea de que la acumulación de
riqueza es el estado de mayor satisfacción al que todos podemos aspirar, y
es por ello que el lucro es una piedra angular en el funcionamiento de la
pseudoeconomía moderna.
Como he hecho referencia en otras entradas, esta
noción actual está siendo constante y exitosamente refutada por antropólogos
modernos, como es el caso del jurista Daniel Pink en su obra “Drive: the surprising truth behind what motivates us”. La persecusión del dinero empieza a dejar de ser vista como un impulsor para convertirse en un detractor del progreso humano, desde el punto de vista
de la motivación. Si inventores, científicos, y en general cualquiera que
intervenga en el proceso de innovación de la humanidad, dejara de aportar en el
momento en que no encuentre una retribución económica, la civilización como la conocemos colapsaría. Se necesitaría una urgente implementación de una nueva escala de valores.
Esto sería sumamente lamentable. Diversos estudios
indican que el ser humano sólo necesita suficiente riqueza como para satisfacer
sus necesidades, cualquier excedente no incide significativamente en la obtención de la felicidad. Como señala Pink, es necesario pagarle a las personas lo suficiente como para que no se preocupen por su estado financiero, pero no tanto como para que la retribución se convierta en el objetivo central de su actuar. En conclusión: no es dinero lo que necesita el ser humano, sino tiempo para hacer las
actividades que le gustan, tiempo para convivir con sus seres queridos, tiempo
para ser feliz, como puntualmente señalo alguna vez el carismático presidente de la República Oriental del Uruguay, José 'Pepe' Mujica.
“Si pude ver más allá que otros hombres, es porque me subí a hombros de gigantes” - Isaac Newton, pero atribuida originalmente a Bernard de Chartres
El recurso más valioso que tiene toda sociedad es la sabiduría de sus habitantes, y la posibilidad de que ésta se traduzca en ingenio práctico susceptible de ser aprovechado para mejorar la calidad de vida de todos. Para que esa sabiduría sea aprovechada para producir abundancia material, es importante determinar cuál es la verdad detrás de la motivación creadora, y qué lleva al ser humano a inventar algo que eventualmente facilite su vida y la de los demás. Desde la primera revolución industrial, a finales del siglo XVIII en Inglaterra, se vislumbraba la idea de que el incentivo económico era el motor de la innovación. Esta noción se reafirmó un siglo después en la segunda revolución industrial, estructurando en los Estados Unidos de América el sistema de registro de patentes moderno, que es el que se utiliza en la actualidad en al mayoría de naciones desarrolladas y subdesarrolladas, con ciertas adaptaciones locales.
Previo a desarrollar el tema, es pertinente definir la patente de invención. En primer lugar, una invención es toda creación humana que permita transformar la materia o la energía que existe en la naturaleza, para su aprovechamiento por el hombre y satisfacer sus necesidades concretas. Según legislación internacional vigente, son patentables las invenciones que sean nuevas (requisito de novedad), resultado de una actividad inventiva (nivel inventivo) y susceptible de aplicación industrial. También son patentables las invenciones que tienen aplicaciones personales. Además, se puede decir que es todo derecho reservado de la persona misma, si se le da acreditación a lo que ha creado, equivalente a derechos morales en Derecho de Autor.
Una invención difiere de una patente de invención. El término patente proviene del latín patens, que significa "estar abierto o al descubierto". Entonces, la patente es un conjunto de derechos exclusivos concedidos por el Estado al inventor de un nuevo producto, que se le da con la "condición" de que se divulgue el conocimiento y que después de un término pueda ser utilizado y aprovechado por toda la humanidad. Una característica esencial de la patentes es su susceptibilidad de ser explotada industrialmente por un período limitado, a cambio -obviamente- de la divulgación de la invención. Los derechos exclusivos otorgados por el Estado al creador tienen como objetivo primario garantizar una retribución económica, derivada del producto de su ingenio por así decirlo, para así fomentar la innovación. La temporalidad de estos derechos es necesaria para el progreso de la tecnología, ya que, una vez se recupera la inversión inicial, la población debe tener acceso sin restricciones a dicho conocimiento, y así producir conocimiento nuevo y derivado. Actualmente, según los acuerdos ADPIC, el tiempo de vigencia de una patente es de 20 años sin posibilidad de renovación. Transcurrido este plazo, la invención pasa a ser de dominio púbico y es propensa de aprovechamiento económico por todo aquel que tenga la capacidad de hacerlo, rompiendo así con el monopolio artificial y facilitando el acceso público al producto.
En esencia, una patente es una protección sobre una idea, una restricción sobre el conocimiento en pro del lucro. Es por ello que el titular de una patente es quien dispone cuándo, cómo, dónde y quién puede utilizar el conocimiento que protegió artificialmente con el amparo de la legislación. Salvo casos excepcionales, como las licencias compulsorias, la patente es un monopolio privado y cuasi absoluto sobre el conocimiento, sobre la información, sobre las ideas.
Pero, ¿qué hace virtualmente obsoleto este intrincado sistema de derechos artificiales? Los apologistas del sistema de patentes moderno sostienen que éste trae múltiples ventajas, y se fundamentan en el omnipresente incentivo de lucro. La patente motiva la creatividad del creador, ya que -en teoría- se tiene la seguridad de que su actividad inventiva generará lucro durante todo el tiempo que esté protegida -20 años. Al ser el único que podrá explotarla económicamente, se obtiene una mayor posibilidad de rentabilidad, recuperando así la inversión inicial, y creando capital para procurar próximas innovaciones. Si la invención tiene éxito comercial y el propio productor no se puede dar abasto para suplir la demanda, la ley da la posibilidad de que éste pueda compartir su monopolio otorgando licencias voluntarias a otros fabricantes, a cambio de regalías. El ingreso económico sigue garantizado. Teniendo la tutela del Estado, el sistema de patentes castiga fuertemente a quien comercialice una invención sin el consentimiento del titular de la patente, lo cual convierte en delito el conceder un acceso alternativo -posiblemente más barato- al producto. Sin esta estricta protección -alegan- no existiría seguridad jurídica que garantice el retorno de la inversión de los inventores, y por lo tanto la actividad económica en general se vería mermada.
Los detractores del sistema de patentes argumentan que éste trae múltiples desventajas. En primer lugar, dificulta la libre difusión de las innovaciones, frenando el desarrollo tecnológico derivado. El conocimiento es universal y está difuso, por lo que no es conveniente restringir artificialmente su circulación. Todo ser humano ha tenido acceso a conocimiento creado por otros, y basándose en él crean conocimiento nuevo, por lo que el sistema de patentes -en ese paradigma- se vuelve un obstáculo para la innovación al limitar el uso del conocimiento ya existente. Se podría decir que es injusto que unos puedan aprovecharse del conocimiento de otros, pero después negar a otros que se aprovechen del propio. En segundo lugar, existe un argumento en pro de la autorregulación de los mercados, debido a que el otorgamiento de patentes como derechos exclusivos supone obstáculos monopolistas a la libre competencia, es una intervención directa y artificial del Estado en la economía, lo que ocasiona que el mercado funcione deficientemente. Otra desventaja, desde el punto de vista del fenómeno de la globalización, es el hecho de que las patentes dificultan el acceso a la tecnología y a la innovación a los países empobrecidos, es decir, a la población más vulnerable del planeta. La transferencia de tecnología es limitada ya que sin la existencia de sistemas de patentes firmes, los que tienen el conocimiento no tienen incentivo para compartirlo. Finalmente, afirman que ese monopolio artificial concedido por la autoridad pública desincentiva la futura investigación y mejora del producto, ya que al establecer un período de utilización exclusiva de una tecnología, no se tiene la amenaza de competir contra otros en el mercado, y se puede sacar un provecho abusivo de la necesidad que tiene el público sobre el producto, como es el caso de las medicinas.
Una vez identificadas las supuestas ventajas y desventajas del actual sistema de patentes, lo que es necesario aclarar es que estas protecciones artificiales únicamente son relevantes dentro del actual sistema socioeconómico, que se basa en el intercambio de dinero por bienes y servicios dentro del mercado. Este paradigma tiene como base la escasez. Son los bienes escasos los que deben asignarse según el intercambio voluntario. Derivado de lo anterior, se da un problema técnico: la tecnología, actualmente, permite un intercambio tan masivo de información que ésta se ha vuelto demasiado abundante, al punto de que cobrar por ella es extremadamente difícil, y por qué no, obsoleto. Esta es una tendencia que se está dando paulatinamente con los bienes materiales. Aun cuando la tecnología que permite la fácil reproducción de bienes físicos sólo está en sus inicios y técnicamente aún es difícil de lograr, diversos especialistas predicen que esta será la forma en que se manufacturará en el futuro, dejando atrás la era industrial.
Nuevas tecnologías como la nano-ciencia y la impresión 3D prometen transformar completamente la forma en que los humanos actualmente producen, administran y distribuyen sus recursos. Ya es posible imprimir una enorme cantidad de bienes en impresión 3D, y la mayoría de los diseños son gratuitos y Open Source o código abierto, por lo que el acceso a los mismos es fácil. Un japonés puede diseñar una llave de cangrejo y subir sus planos a internet, en donde un italiano los puede bajar, mejorarlos y enviárselos a un guatemalteco, quien puede imprimir dicha herramienta en cuestión de horas -o minutos. Un proceso que antes requería de una enorme cantidad de recursos y de logística -fábricas, trabajadores, transporte, administración de empresas, estados financieros, horas hombre de trabajo, etc.- eventualmente sería obsoleto. Diversos científicos ya están trabajando en la nano impresión 3D, que permitirá imprimir ropa, muebles, bicicletas, armas, adornos, repuestos de vehículos, objetos personales, y según algunos, incluso comida, edificios, medicinas y órganos humanos. ¿Qué función tendrá el sistema de patentes en tales condiciones? Solo una restrictiva por supuesto.
Revolución de la impresión 3D
Esto abre la interrogante de cómo puede un Estado controlar tal flujo de información en internet. Las únicas formas de hacerlo sería monitoreando absolutamente todo lo que los usuarios hacen en internet, o en el peor de los casos, restringir totalmente el acceso al mismo. Eso definitivamente ya no es factible. La verdad es que la única vía que tiene un gobierno para tutelar efectivamente los derechos de patentes en este paradigma de innovación tecnológica, es convirtiéndose en autoritario y represivo, y dejando la libertad de los habitantes en segundo plano.
Asimismo, el intercambio de conocimiento no es igual que el intercambio de bienes materiales. Si alguien se apropia de un bien ajeno, el dueño original deja de tener acceso al mismo. Por otro lado, si alguien utiliza el conocimiento o idea producida por alguien más, no le está quitando el acceso, ya que el dueño original todavía puede usarlo. Ambas personas son poseedoras del conocimiento, caso contrario a lo que sucede con un bien físico. Un ejemplo puede ser el siguiente: si se intercambia una moneda por otra moneda, ambos tienen una sola moneda; pero si se intercambia una idea por otra idea, ambos tienen dos ideas. El conocimiento puede reproducirse hasta la infinidad, y el mayor acceso de unos no significa restricción para otros.
Copiar no es lo mismo que robar
Posiblemente el incentivo de lucro tendrá que dejar de ser la base de la innovación, ya que en una época en la que compartir información y bienes materiales se puede hacer fácil y abundantemente, las restricciones económicas y legales a este intercambio pueden resultar en un fuerte obstáculo para que se siga produciendo conocimiento e innovación. En la actualidad, se produce una enorme cantidad de material independiente, que no está protegido bajo el tradicional sistema de patentes, y contrario a la creencia preestablecida, la gente no ha dejado de innovar o de ser creativa, al contrario, se produce más ahora que nunca. La gente produce porque quiere, porque le gusta, porque le da placer, porque quiere ayudar a los demás, no porque quiere una retribución económica. Diversos estudios psicológicos han determinado que el espíritu innovador del ser humano no deriva de su deseo de lucrar, sino de la curiosidad, de su hambre de entender lo que aún no conoce y de crear cosas nuevas. Ese deberá ser el incentivo de la innovación en el futuro, ya que la tecnología hará que cada vez sea más difícil lucrar de las invenciones por su extremadamente fácil reproducción.
La verdad detrás de lo que realmente nos motiva
Es indispensable que la humanidad reajuste su escala de valores para que estén acorde con los adelantos de la ciencia moderna. El incentivo de lucro, motor de la innovación en la revolución industrial, será cuestión del pasado y la estimulación de todo ser humano para innovar será enriquecerse con conocimiento y facilitar la vida de los demás, bajo el entendido de que otras personas buscarán lo mismo. La cooperación, en lugar de la competencia, continuará facilitando el intercambio masivo de información y de bienes, cada vez a un costo menor -eventualmente gratis- y aumentando el acceso al público. Lo anterior se traducirá en bienestar, abundancia y felicidad para todos.
Recomendación: Mini documental "Everything is a Remix".
“…vuestras
mujeres callen en las congregaciones, porque no les es permitido hablar, sino que
deben estar sujetas, como también la Ley lo dice.Y si
quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos, porque es indecoroso
que una mujer hable en la congregación…” –
Corintios 14, 34-35.
Sin importar la religión, la clase social, la nacionalidad,
la raza, e incluso la temporalidad, el ateísmo siempre ha sido una idea mucho
más presente entre hombres que entre mujeres. Es la pregunta del millón entre
la comunidad atea a nivel internacional: ¿Por qué el ateísmo es desproporcionalmente
más común en hombres que en mujeres? Existen varias explicaciones que posiblemente respondan esta interrogante, y se discutirán a continuación haciendo un análisis de cuál es la más factible y el porqué.
En la actualidad, una abrumadora mayoría de paladines del ateísmo
son hombres: Christopher Hitchens, Richard Dawkins, A. C. Grayling, Michael
Shermer, Carl Sagan, James Randi, Friedrich Nietzsche, Mikhail Bakunin, Albert
Einstein, Karl Marx, Buckminster Fuller, etc. etc. etc. La lista es larguísima. Por otro
lado, la cantidad de mujeres abiertamente ateas -por lo menos las famosas- es minúscula,
y reluce en la actualidad con nombres como Ayaan Hirsi Ali y Sikivu
Hutchinson, abismalmente menos famosas que sus homólogos masculinos. Ayn Rand es discutiblemente la mujer no creyente más famosa de la época moderna -tal vez de la historia-, pero es conocida mayoritaria y casi exclusivamente en círculos de corrientes filosóficas poco populares. Es por ello que es válido y pertinente averiguar si en efecto hay menos mujeres expresamente ateas, o son los
medios los que omiten darles una justa cobertura. Más parece que la primera es
una explicación más ajustada a la realidad.
En primer lugar, vale la pena examinar cuál ha sido la
influencia histórica del ateísmo en el sexo femenino. Sise
analiza el avance de las ciencias, las artes y la filosofía en el mundo
occidental, es notorio observar que, en relación a los hombres, son pocas las
mujeres que han trascendido como propulsoras del desarrollo de la civilización.
Desde los griegos hasta los tiempos modernos, han sido pocos los nombres de
mujeres que han quedado guardados para la posteridad. Esto no es pura casualidad.
Negar que el machismo -patriarcado preferirían las feministas- sea un fenómeno que ha acompañado a la sociedad desde
sus inicios sería pecar de ignorante o deshonesto, la evidencia documental es
excesivamente categórica. Este histórico patriarcado ha relegado a la mujer de su
participación activa en movimientos intelectuales, científicos y artísticos, para
asignarle funciones monótonas, mundanas y hasta denigrantes en algunos casos. La participación pasiva de la mujer en el avance social ha provocado que
históricamente la mujer siempre esté situada en condiciones que le dificultan
el acceso al conocimiento, y por consiguiente al pensamiento crítico, elementos sine qua non
del ateísmo y del escepticismo. Y se enfatiza que no se quiere decir que la mujer no tiene nada que aportar, ya que ha habido centíticas que han contribuido sustancialmente en sus campos, pero es un hecho que el apartar a las mujeres de los avances del zeitgeist intelectual, deriva
automáticamente en una mayor inclinación al deísmo, ya que donde se asienta la
ignorancia, reina la superstición.
Como segundo término, es importante examinar el papel que
han jugado las mismas doctrinas religiosas en la marginación de la mujer. Si se examinan las religiones abrahámicas, se observa claramente que la mujer es considerada
un ser humano inferior, de segunda categoría, débil e ignorante. En el primer testamento de la
biblia cristiana se presenta como si fuera un ánima débil y tonta que
necesita la guía de su esposo, además de que es la culpable del castigo de dios
por enredar al hombre en la tentación. El islam no se queda atrás, ya que en
dicha religión la mujer es un objeto que puede ser comercializado a cambio de
favores y mercancías, además de que los hombres no tienen un límite de mujeres
con quienes se pueden casar. Es una religión tan machista, que en algunos países
que adoptan la Sharia -ley islámica-
como ordenamiento jurídico oficial, las mujeres tienen prohibido conducir
automóviles, hablar con hombres que no sean sus parientes, y asistir a
instituciones educativas. Como dato irónico, en Arabia Saudí se acaba de realizar la Conferencia de Mujeres Saudís, sin que haya habido una sola mujer presente. Uno se preguntaría ¿no debería ser este
inherentemente abusivo trato hacia la mujer el motivo de su deserción? Pues no.
La marginación religiosa de la mujer tiene efectos muy parecidos a los de la esclusión intelectual, debido a que por la falta de acceso a información y
conocimiento la mujer es más susceptible a envolverse en las supersticiones que
la mantienen esclavizada. También es una especie de síndrome de Estocolmo, ya que algunas mujeres aman ciegamente y defienden con fervor esa atadura mental, social y económica impuesta por el dogma. Nuevamente, la ignorancia e ingenuidad son la mayor
ventaja de la devoción religiosa.
Como tercer punto, es absolutamente necesario tratar el aspecto socioeconómico, ya que para algunos este puede ser un factor decisivo, y
dada la evidencia estadística pueden estar en lo correcto. Según los datos de World Value Survey, la diferencia
porcentual del ateísmo en favor de los hombres por sobre las mujeres es constante. Es muy curioso que inclusive en países en donde
la igualdad total de género ya es virtualmente una realidad -impulsada por una
fuerte política estatal- como en Noruega o Suecia, la tendencia permanece. Esta
evidencia estadística demuestra que en el acceso a recursos educativos, la
libertad de optar a puestos de poder y alto poder adquisitivo no aún no disminuye significativamente la
propensión que tiene el género femenino hacia la idolatría religiosa. En Japón, por ejemplo, donde existe un Ministerio de Igualdad de Género y la paridad entre sexos es mucho más grande que en Guatemala, es en esta última donde la diferencia porcentual entre hombres y mujeres ateos/as es menor. Una mirada a las estadísticas indica que la propensión al ateísmo es menor en mujeres que en hombres aún habiendo igualdad de acceso a todo tipo de recursos. Es evidente que las mujeres tienen una mayor atadura sentimental hacia el deísmo, y es donde entran en juego los factores psicológico y biológico.
La cuarta explicación, choca fuertemente con el discurso feminista, el cual se niega rotundamente a creer que la mujer está biológicamente predispuesta a aferrarse a ideas sentimentales y no racionales. Se parte de la idea de que la mujer es más empática, sentimental, obediente y menos conflictiva, lo cual crea una mayor apertura mental para aceptar ideas no tan racionales como la religión. A mi humilde parecer, esta explicación se queda corta, pues diversos antropólogos -como Gabor Mate, James Gilligan y Robert Sapolsky- han concluido que el ser humano es extremadamente susceptible de ser condicionado por su entorno, y si existe alguna predisposición genética o biológica hacia alguna conducta -en este caso la religiosidad-, ésta se activa con las condiciones externas que aquejan a la personas. Históricamente, a las mujeres se les han asignado roles que provocan una intervención emocional más fuerte, como el cuidado de los hijos y la complacencia del esposo, lo cual la condiciona a una apertura sentimental sobre la racional, nublando en cierta forma el raciocinio y la capacidad de pensamiento crítico. Socialmente "la mujer es sentimental, y el hombre es racional". Esa es una noción que el ateísmo, de la mano del humanismo -no del feminismo, que se ha vuelto radical- deben buscar romper. Las mujeres en países desarrollados, como los Nórdicos, aún estan expuestas a prototipos culturales -más extranjeros que domésticos- que les crean una imagen de lo que es ser mujer: la moda, el maquillaje, las películas, la música, la televisión juegan un papel importantísimo.
A mi parecer, el ateísmo entre las mujeres crecerá al mismo ritmo que entre hombres cuando la igualdad de roles sociales se haya consumado totalmente y a nivel mundial. Ello cambiará cualquier predisposición biológica o genética -si se llegara a comprobar científicamente que esta existe- que tiene la mujer para aplicar en menor medida el pensamiento crítico, como mero acto de evolución. El acceso a educación, seguridad económica y estabilidad sentimental son factores que apartarán a la mujer de la necesidad de creer en un ser superior para encontrar consuelo y sentido de pertenencia, y nos acercará a una sociedad secular que causará felicidad y prosperidad para todos.
Ella de Giancarlo Melini Ella me hizo sentir, me hizo soñar, me hizo vibrar, me hizo volar. Sin darme cuenta, o tal vez sin haberlo valorado, yo era feliz. Las risas eran abundantes, los disgustos escasos aunque gradualmente más frecuentes. Ella me hizo recordar lo bueno y olvidar lo malo. Ella estaba ahí siempre, en la angustia y en la alegría. Tal vez no era la más detallista, pero sí la más cariñosa. Su inocencia era un encanto, y su curiosidad por lo nuevo una delicia. Ella superó prejuicios, dejó atrás complejos y experimentó con intensidad. Ella encontraba satisfacción en cosas pequeñas de la vida. Mis peores chistes la hacían eructar carcajadas. Mi carencia de excesivo detallismo era su motivo de berrinche. Ella no admiraba nada mío en particular, yo amaba su cabello. Ella no siempre actuaba racionalmente, pero siempre sinceramente. Sus lágrimas de ingenuidad nunca me provocaron más que ternura. Sus consejos y observaciones fueron siempre pertinentes y bien intencionados. Ella y sus celos eran un deleite. Ella se creía princesa, pero en realidad era toda una dama. Sus besos eran miel y sus abrazos calor. Sus llantos eran puñaladas y sus risas un placer. Ella era aire, era agua, era vida. Ella era modesta, la opulencia no era la forma de impresionarla. Los suyo no era arreglarse, el rostro al natural era su insignia personal. Las amistades no se le daban fácil aunque tenía mucho cariño que dar. Ella no tenía ningún problema con la frugalidad, el dinero rara vez fue un problema. Ella soportó mi pseudointelecto, con poco escepticismo tomaba mi palabra. Al final yo vivía en un sueño y ella vivía en la desesperación. Nos repetíamos falsamente que yo era el racional y ella la emocional. Ella tenía una visión de la realidad diametralmente distinta. Ella buscaba la gracia del cielo, yo anhelaba la tranquilidad en la Tierra. Los convencionalismos sociales eran su magna aspiración. La libertad mental le costaba, pero jamás la repudiaba. Ella era muy inteligente, pero de utopía carente. Ella quería con intensidad, pero no con inteligencia. Yo encontraba calor en sus brazos, y ella desdén en mis ideas. Tal vez era yo quien ya no era el mismo. Ella amaba en demasía, pero no a quien debía. Ella dijo haber aprendido mucho de mí, pero aprendí yo más de ella. En dos partes dividí su vida, y en un instante cambió la mía. Su compañía era el consuelo que me hacía soportar cada día. Ella aprendió, gozó, soportó, superó y avanzó. Ella decidió tomar un camino diferente. Yo abrí los ojos y comprendí que en realidad no éramos tan parecidos. Yo la amé, pero amé aún más verla caminando rumbo a su propia felicidad. Ella se fue, yo la olvidé y ella me olvidó. Verla quedarse fue un sueño, y dejarla partir un duelo. Y aunque ya no sea la misma, impregnado en mi recuerdo está su carisma.
Drive: What is our true motivation? by Giancarlo Melini
There is a
general -virtually axiomatic- belief that people’s motivation sense is based almost exclusively in punishment and reward. That assertive notion that humans are
inherently unproductive and therefore need extrinsic motivation -carrot and
stick- has prevailed since the beginnings of history. But, Is that so? Are we
really beings with no internal drive to do things for ourselves, others or humanity? I don't believe so, and many mainstream economists,
anthropologists and behavioral scientists too.
It is a
dogmatic statement in our current socioeconomic paradigm that money makes the world
go around. The only incentive people have to go to work, create something new,
make the world a better place is the profit motive. People need money,
therefore, they engage in creative activities so they can produce goods and
services that other people are willing to purchase. If people cannot earn money
from their labor, their creativity, their genius, they are simply not going to
do anything. That notion is also the founding stone of the modern Intellectual
Property system, which regards the lucrative mentality as the engine of
prosperity. Lately -around a year ago- I began to strongly question this
assertion, and started to research about what is it that really motivates
humans to do things. Clearly it is not instinct alone, nor the so called “human
nature”, because if that was the case we would only do activities to barely
satisfy our most primal necessities, without trying to improve ourselves and
our surroundings.
My research
took me to Daniel Pink’s Drive: the surprising
truth about what motivates us. His book is about how the mainstream
economic establishment has been constructing for centuries -maybe even millennia-
a social structure that bases production and creativity on the economic reward,
and how this is wrong. The competition-profit
incentive-based economic system not only doesn’t promote creativity and problem
solving thinking, but it totally undermines it.
Here is how social scientists reached to that conclusion. They settled three experiments:
1) They called a group of MIT students and made them do a series of different tasks which involved solving puzzles, repetitive games, even physical challenges, etc. When evaluating the results, they observed a very strange phenomenon. When tasks were repetitive, menial, mechanic and didn't require much thinking, the reward did acted as an incentive. But as long as the task involved even rudimentary cognitive skills, the people offered higher prizes did worse. How could this be?
2) They replicated the experiment in India, but this time they settled three levels of prizes. The low reward: 2 week salary; the middle reward: 1 month salary; and the high reward: 2 month salary. This time results were a little bit different but still very surprising. People offered the low reward, did no better or worse than people offered the middle reward, but people offered the high reward did the worst. What kind of socialist conspiracy is this?
3) The candle problem. This one consists on giving people a candle, a book of matches and a box of thumbtacks. The goal is to attach the candle to the wall without letting it drip wax onto the table. Participants were told that they were going to be timed until they reach the problem solution. On this occasion, the reward was as follows: one group was told that if they managed to finish in the top 5, they would get $5; if they were the fastest participant, they would get $20. The other group wasn't offered a reward, they simply were told that they were participating in a problem solving experiment. Stilll, the results were extremely surprising: people that were no offered a monetary reward solved the problem, in average, three and a half minutes before people that were offered money. Hey! This is not how free markets are supposed to work, Right?
Daniel Pink states
that the cause of these results, according to sociologists and behavioral
scientists, must be the following: Economic rewards are a motivator, yes, but only to a
limited extent. In order to obtain results from people they have to be paid enough
to relieve them from financial stress. Any monetary motivation beyond that results in a
halt to creative thinking. So, why do people solve problems and create new
things then? Well, once the necessities of people are well met, they mainly engage in ingenious behavior because of three things: 1) Autonomy: Let people decide
how to spend their time, they will make better use of it if they're
entirely free to decide. Most creativity comes when people are doing
something they enjoy with almost absolute liberty, people want/need liberty, period; 2) Mastery: Humans tend to
become better and better at something when they actually enjoy doing it, free of external
authority. Improvement comes with self discipline and self determination, and the liberty to voluntarily keep doing something one likes will cause a better skill progress in
that activity, causing better results; 3) Purpose: work for causes, not for rewards. People who work
for an external motive, something greater than themselves are usually the
greatest innovators. Hunger for knowledge, contributing to the well being of
society, being part of changing the world for good is usually
what conducts to progress. All the latter can be called intrinsic motivation, they come from within the person. The debate between extrinsic (reward and punishment) and intrinsic motivation has scientifically reached an end here, clearly declaring the second one winner.
Alfie Kohn, in his research "No contest: the case against competition" states that competition, as well as profit, act as a distractor when people engage in any sort of intellectual or artistic activity. When people do something out of their will, they do it because of the joy they get from it, only for the sake of doing it. When competition or reward come into the eqution, the activity being performed becomes secundary. People stop focusing on the activity per sè, and their new objective -win the competition or accumulate profit- distracts them from the things they truly enjoy. An example would be a musician, who in his early career accepts performing for free because he wants his music to be heard, he enjoys entertaining people and that gives him satisfaction. Once he becomes famous, he is only willing to play if he gets paid a certain amount of money. In this case, money has become an obstacle that keeps him from doing something he used to enjoy because that is no longer his drive; profit is, winning is.
Here is a complete lecture of Alfie Kohn regarding that matter:
Throughout
history, the big majority of innovators, geniuses, artists and most of original
creators have been driven by curiosity, love for science, passion for art,
causes superior to themselves, not seeking a monetary reward. To name a few: Da
Vinci, Galileo, Copernicus, Kepler, Leipzig, Newton, Buckminster Fuller,
Maxwell, Fresco, Einstein... I could go on and on, but I want to elaborate one
special case. Nikola Tesla, arguably the most influential inventor in the
history of humanity. He is almost an unknown character, out of many history
books and overshadowed by his rival Thomas Edison, who most of the time
contracted inventors to create for him, guided by the profit incentive. Tesla
is basically the man responsible for us using computers right now. He is the
father of electricity and was working in methods to provide it freely. Reward
was not his motivation, but creation of new things, understanding the universe,
solving mysteries, defeating challenges and overall, improving humanity as a
whole. He owned more than 150 patents, and was once told that someone was using
one of them, and his answer was: "Let him, he's doing a good job". He
died alone and relatively poor, without any recognition for his merits, but it
was not like he was looking for it. He’s an example of true intrinsic
motivation.
My final
conclusion is that bounty hunting, acquisition of property, profit incentive,
competition and power are not the true driving forces of this planet. We, as
humans, are moved by greater intrinsic motivations that our current socioeconomic
system and unsustainable culture are constantly trying to suppress, to
undermine, to disregard. True success is doing exactly what you want and be
happy. Let us all drive toward that path.