martes, 21 de mayo de 2013

Pobres gamonales


Pobres gamonales
por Giancarlo Melini

"El pobre carece de muchas cosas, pero el avaro carece de todo." - Séneca

Eran alrededor de las doce del medio día. Iba caminando por la acera de la sexta avenida de la zona uno, hora en que el ardor del sol estaba en su apogeo. El tránsito pesado perturbaba el orden de las concurridas calles, infestadas de oficinistas y trabajadores aledaños que esperaban con recelo la hora del almuerzo. El ambiente era pesado. 

Aprovechando el poco tiempo libre que normalmente tiene, se sentó en una banca vacía por un rato, disfrutando del buen y tan necesario ocio. Mientras se amarraba las cintas de los zapatos, pudo observar que a unos cuantos metros de él se encontraba tendido en el piso un anciano indigente. De aspecto desnutrido, bastante maltratado, peludo, sucio, escuálido, enfermo, semblante deprimido -y deprimente-, quien ni siquiera se tomaba la minúscula molestia de desplazarse un par de pasos para cubrirse del ardiente sol. Sólo verlo causaba profunda tristeza. Después de unos cuantos segundos observándolo, el viejo, repentinamente, sacó una colorida naranja y empezó a engullirla como si fuera la última que alguna vez saborearía. Se notaba el gozo en su semblante. Era como si de un momento a otro una mordida y un chupón del cítrico le hubieran devuelto una alegría escondida, haciéndolo olvidar -aunque sea un instante- su inalterable miseria. Parecía ser feliz.

Lo extraordinario estaba por acontecer. Mientras observaba a este curioso personaje disfrutar los abundantes jugos de su naranja, pasó a su par una señora empujando en silla de ruedas a una niña que parecía ser su hija. La niña mostraba algún tipo de enfermedad que no supo determinar. Eran una madre e hija evidentemente de escasos recursos. Eso se percibía fácilmente por el estado de sus vestimentas y la condición casi deplorable en la que parecía encontrarse la niña. La señora se acercó lentamente al indigente, le dio una moneda y le dijo: -¿Está rica su naranjita verdad don?- alcanzó a oír. El viejo subió la mirada, la vio a los ojos y tras una pausa de unos pocos segundos exclamó: -¡Aquí tengo otra, si quiere se la regalo!-, mientras sacaba del costado de su saco una bolsa plástica con un fruto adentro. La señora rápidamente contestó: -¡Cómo va a creer!- Se dio la vuelta y se fue. Se quedó entonces analizando esta pintoresca escena de la que acababa de ser testigo. Cada detalle recorrió su mente y una y otra vez por media docena de minutos.

Un momento después, la señora y su hija se veían regresar, caminando humildemente por la banqueta de la sexta en dirección al desafortunado mendigo. Ambas se situaron frente a él y la desdichada infante le entregó lo que parecía ser un billete de cinco quetzales. Sin mediar palabra, se dieron la vuelta y se fueron por donde vinieron. El viejo, contento pero consternado, levantó el billete hacia el cielo con ambas manos, subió su mirada y exclamó: -¡Gracias, gracias!.-.

Por su mente pasaban una serie de preguntas: ¿Cómo es esto posible? ¿Por qué la gente que menos tiene es la que más está dispuesta a dar? ¿Qué nos convierte en seres altruistas o egoístas? ¿El tener o el no tener? ¿Por qué a algunos les cuesta tanto desprenderse de lo que les sobra, pero otros dan desinteresadamente lo que les falta?

Un anciano indigente dispuesto a compartir su ración diaria de alimento, y una madre de escasos recursos con una hija enferma dando como limosna el dinero que para nada le sobra. Esos gestos llenan de emoción -tristeza y alegría al mismo tiempo-  y hacen creer que tal vez, sólo tal vez, el mundo tiene esperanza. Aun cuando es difícil de creer, historias como esas se replican a lo largo del tiempo y del espacio.

Diversos estudios se han realizado en relación a este fenómeno y se ha comprobado que en efecto son los pobres los que tienen una mayor tendencia  a compartir, a colaborar, solidarizarse, cooperar y empatizar. Una posible hipótesis es que los pobres, por las limitadas condiciones en las que viven, necesitan más de los unos a los otros para desenvolverse normalmente en sus vidas, lo que los hace estar en mayor armonía con quienes los rodean. Por otra parte los ricos, con su abundante -o virtualmente ilimitado- acceso a recursos, crean sobre sí mismos una idiosincrasia de independencia, y/o autosuficiencia, que les hace muy difícil colocarse en los zapatos de otras personas para entender sus problemas, y por lo tanto solidarizarse con ellas.

Según la opinión de muchos antropólogos, este tipo de comportamiento se da porque el humano es un ser inherentemente social. Es la cooperación la que lo ha colocado en el escaño natural en que se encuentra. La cooperación, la vida en sociedad, el trabajo en equipo y la capacidad de utilizar y mejorar el conocimiento que otros producen es lo que ha hecho al hombre triunfar y mejorar inimaginablemente sus estándares de vida. 

La razón por la que ese modo de vida se ha perdido -o se está perdiendo- es el sistema socioeconómico basado en el individualismo y la competencia, que aliena a la persona y constantemente la lleva a retratar a sus semejantes como sus adversarios, personas con quienes hay que enfrentarse y no ayudarse. De lo anterior se deriva que las cosas terminen siendo más importantes que las personas. A los pobres no les sucede eso. Su limitada condición material los hace no aferrarse a cosas, sino a personas, como debería ser.  

martes, 14 de mayo de 2013

El camino crítico de la humanidad

El camino crítico de la humanidad
Extracto del artículo de Buckminster Fuller
Traducción al español: Giancarlo Melini


El camino crítico de la humanidad: De la “Armedad” a la “Vividad”



La guerra es obsoleta. Es imperativo que compartamos la noticia con toda la humanidad -“CON PRISA”- antes de que alguien ignorantemente presione el botón que active la presión sobre todos los demás botones.

Lo que hace tan difícil la tarea de informar a la humanidad de su recién nacida opción de lograr el éxito para todos, es el hecho de que, todas las grandes religiones y corrientes políticas, triunfan únicamente por la perenne e ignorantemente adoptada premisa de que existe una eterna inadecuación en el soporte de la vida, inherente en el diseño de nuestro planeta Tierra.

Todos los libros de economía tienen un principio básico: la escasez fundamental del soporte vital -recursos limitados-. Los poderes supremos económicos y políticos todavía asumen que tiene que ser o tú o yo. No hay suficiente para ambos. Eso es porque: 1) aquellos en ventaja financiera se refuerzan a sí mismos todavía más, con el argumento de que el altruismo es suicida; y es por eso que 2) el gasto militar de la URSS y de los EEUU, representando las dos caras: el socialismo y la empresa privada, ha promediado más de $200 millardos anuales, doblándolo el año pasado a $400 millardos. Más de $6 billones se han gastado hasta ahora por los dos mayores poderes in desarrollar la habilidad de matar cada vez más gente, a una mayor distancia, y en un todavía menor tiempo.

Es tiempo de entender una nueva iniciativa. Una que ha estado disponible por un poco más de una década. Es una opción sin precedentes que he visto venir y que he estado iniciando desde el nivel del suelo por más de cincuenta años.

En 1927 estaba convencido de que los problemas más fundamentales de supervivencia de la humanidad nunca se podrían resolver con política. Ese fue el año que el servicio de telefonía transatlántica comenzó. Ese año por primera vez un humano voló solo cruzando el océano en un día. Fue obviamente el comienzo del cambio a la integración de la humanidad.

La humanidad en todos sus millones de años había existido como naciones relativamente separadas. El nacimiento interno de la supervivencia local se fue desarrollando por cientos de generaciones y gradualmente evolucionó a “naciones” cuyos modos de vida eran casi desconocidos.

Era obvio que la integración de estas múltiples “naciones” requeriría enormes cantidades de energía. Era también obvio que una minoría de humanos egoístas se organizaría para explotar los dilemas transicionales. Estaba convencido de que dentro del siglo veinte toda la humanidad en nuestro planeta entraría en un período de crisis sin precedentes. Podía ver que había una alternativa a la política y su cada vez más creciente despilfarro en la guerra, e inherentemente estériles intentos de resolver los problemas económicos y sociales más básicos de la humanidad.

Esa realizable alternativa era a través de la invención, desarrollo y reducción de las prácticas materiales de trabajo, prototipos de producción masiva de tecnología orientada a crear circunstancias ventajosas para el ser humano. Esta completa familia de artefactos intercomplementarios fue la que determiné que debe ser diseñada –estructural, mecánica, química,  metalúrgica, electromagnética y cibernéticamente- para proveer mejor rendimiento por cada unidad de energía, libra de material, y segundo de tiempo invertido para hacerlo eminentemente viable y practicable para proveer un estándar de vida alto y sostenible para toda la humanidad. Debe ser un estándar de vida mucho más avanzado, placentero, y cada vez más productivo que cualquiera que alguna vez se haya experimentado o soñado en toda la historia.

Estaba claro para mí que este avanzado nivel podría ser enteramente sostenido por nuestro abastecimiento diario de energía solar. En 1983 la totalidad de la energía consumida por la humanidad equivale a menos de la 1/500,000 parte del 1% de la energía solar que impacta cada día a nuestro planeta.

También era claro para mí que el avanzado estándar de vida que preví podía ser obtenido y mantenido con artefactos que necesariamente liberarían a los humanos del entramado, complicado y medido sistema de explotación del metabólico y vital proceso de los muchos para los menos.

Esta familia de artefactos liderando a tan comprensible éxito humano lo identifico como vividad en contraposición con la armedad de la estructura política de poder actual. Cuando preví estaba reformando tecnológicamente el ambiente en lugar de tratar de reformar políticamente a la gente.

Mi iniciativa de producción de vividad, para su completa realización, requiere el cambio de las grandes empresas, de su enfermiza fijación a la armedad, a una tecnología que cause condiciones ventajosas para la humanidad a un nivel aeroespacial de conocimiento. Describo más detalladamente el mucho más grande, mucho más consistentemente lucrativo para todos, enteramente nuevo mundo de la producción de vividad en mis recientes libros CRITICAL PATH (St. Martin’s Press, 1981) y GRUNCH OF GIANTS (St. Martin’s Press, 1983).

Más importante es que, hace 55 años, a la edad de 32, me propuse llevar un experimento en forma de iniciativa individual. Lo tome para ver lo que un individuo sin un centavo, desconocido, con una esposa, un hijo recién nacido que dependían de él podría llegar a hacer efectivamente en nombre de toda la humanidad, iniciando y realmente desarrollando tal programa de tecnología.

Esta revolución de la ciencia del diseño usaría las mejores instalaciones aeronáuticas y de ingeniería de todo el mundo y cambiaría el mundo de la producción de la armedad a la vividad; por ende toda la humanidad tendría la opción de volverse exitosa.

Todas las revoluciones previas han sido políticas, en ellas la mayoría que no tiene ha tratado vengativamente de halar hacia abajo a la minoría económicamente aventajada. Si se analiza, esta  histórica y grandiosa revolución tecnológica, felizmente elevaría a toda la humanidad a alturas sin precedentes, y sin distinguir grupos sociales.

Tal iniciativa de diseño sería imposible de cumplir por las grandes naciones, grandes religiones o las empresas privadas sin importar que tan adineradas y fuertemente armadas estén. Con la ocupación de menos de una doceava parte del uno por ciento de la superficie de la tierra por parte de cada nación soberana promedio, las prerrogativas soberanas de cualquier nación han sido, y siguen siendo, escasas. Las grandiosas empresas privadas son apuestas de capital con sus “naves que tienen que venir” dentro de un tiempo razonablemente corto o sus socios caerán en la bancarrota. La empresa, con sus accionistas y administradores de dinero, tiene un enfoque demasiado estrecho y miope, está demasiado enfocada estrechamente en lucrar como para interesarse en sus efectos colaterales y enfoque demasiado limitado para atender las tareas más grandes, más importantes, y a largo plazo que son vitales para sostener a la humanidad en este planeta.

Siendo humano, cometí todos los errores habidos y por haber pero aprendí a aprender mediante el reconocimiento realista te los factores que constituyen el cometer errores, e intenté entender lo que las verdades cubiertas estaban tratando de enseñarme

Como un oficial normal de la marina de los Estados Unidos en la primera guerra mundial, vi que no había nada que me impidiera pensar comprensivamente sobre la totalidad del planeta Tierra, la totalidad de sus recursos físicos y un conocimiento mucho más avanzado. Tampoco había nada que me impidiera pensar realísticamente sobre como operar esta magnífica Nave Espacial Tierra en una manera sostenible para todos los pasajeros a bordo.

Descubrí que ahora es técnicamente posible con la tecnología actual, servir adecuadamente a toda la humanidad solamente con el ingreso de nuestra sobreabundante energía cósmica, del sol, alcoholes producidos a base de vegetales, y poder eólico y de ondas derivadas del sol. A través de la innovación y del diseño, es posible desplazar el futuro uso  y abuso de las cuentas de ahorro de energía de la naturaleza: los combustibles fósiles y la energía atómica.

Al comprometernos a resolver los problemas de la humanidad con artefactos, se hizo necesario establecer cuál de esos artefactos sería prioritario. Llegué a la consideración de desarrollar un “camino crítico” (un programa de prioridades primero) de artefactos necesarios, de los cuales todos son requisitos para lograr que la Nave Espacial Tierra opere omnicooperativamente a favor de todos.

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Leer artículo completo en inglés: 
https://www.dropbox.com/s/mx3aymcyr06ekwp/Humanity%27s%20Critical%20Path%20-%20Buckminster%20Fuller.pdf

NOTA: Buckminster Fuller tiene una manera muy particular de escribir, y utiliza una enorme cantidad de palabras y frases compuestas que son vocabulario de su total invención. Entenderlas es fácil en su contexto, pero no aisladamente. De esa cuenta, es extremadamente difícil la traducción, y se aclara que la introducción de palabras que no existen en el diccionario es intencional. 

miércoles, 17 de abril de 2013

La compra de la República


La compra de la República
de Giovanni Papini

En este mes he comprado una República. Capricho costoso que no tendrá continuaciones. Era un deseo que tenía desde hace mucho tiempo y del que he querido librarme. Me imaginaba que eso de ser el amo de un país daba más gusto.

La ocasión era buena y el negocio quedó concluido en pocos días. Al presidente le llegaba el agua hasta el cuello: su ministerio, compuesto por paniaguados(1) suyos, estaba en peligro. Las arcas de la República estaban vacías; imponer nuevos impuestos hubiera sido la señal para el derrocamiento de todo el clan que asumía el poder, tal vez de una revolución. Ya había un general que armaba bandas de rebeldes y prometía cargos y empleos al primero que llegaba.

Un agente norteamericano que estaba allí me advirtió. El ministro de Hacienda corrió a Nueva York: en cuatro días nos pusimos de acuerdo. Anticipé algunos millones de dólares a la República y además asigné al presidente, a todos los ministros y a sus secretarios unos estipendios dobles que los que recibían del Estado. 

Me han dado en prenda -sin que lo sepa el pueblo- las aduanas y los monopolios. Además, el presidente y los ministros han firmado un convenio secreto que, prácticamente, me da el control sobre toda la vida de la República. Aunque yo parezca, cuando voy allí, un simple huésped de paso, soy, en realidad, el amo casi absoluto del país. En estos días he tenido que dar una nueva subvención, bastante fuerte, para la renovación del material del ejército y me he asegurado, a cambio de ello, nuevos privilegios.

El espectáculo, para mí, es bastante divertido. Las cámaras continúan legislando, en apariencia libremente; los ciudadanos siguen imaginándose que la República es autónoma e independiente y que de su voluntad depende el curso de los acontecimientos. No saben que todo lo que ellos creen poseer -vida, bienes, derechos civiles- penden, en última instancia, de un extranjero desconocido para ellos, es decir, de mí.

Mañana puedo ordenar la clausura del Parlamento, una reforma de la Constitución, el aumento de las tarifas de aduanas, la expulsión de los inmigrantes. Podría, si quisiese, revelar los acuerdos secretos de la camarilla ahora dominante y derribar con ello al Gobierno, desde el presidente hasta el último secretario. No me sería imposible empujar al país que tengo en mis manos a declarar la guerra a una de las repúblicas limítrofes.

Este poder oculto, pero ilimitado, me ha hecho pasar algunas horas agradables. Sufrir todas las molestias y servidumbre de la comedia política es una fatiga tremenda; pero ser el titiritero que, tras el telón, puede solazarse tirando de los hilos de los fantoches obedientes a sus movimientos es un oficio voluptuoso. Mi desprecio por los hombres encuentra aquí un sabroso alimento y miles de confirmaciones.

Yo no soy más que el rey de incógnito de una pequeña República en desorden, pero la facilidad con que he conseguido adueñármela y el evidente interés de todos los enterados en conservar el secreto, me hace pensar que otras naciones, y bastante más grandes e importantes que mi República, viven, sin darse cuenta, bajo una análoga dependencia de misteriosos soberanos extranjeros. Siendo necesario mucho más dinero para su adquisición, se tratará, en vez de un solo dueño, como en mi caso, de un trust, de un sindicato de negocios, de un grupo restringido de capitalistas o de banqueros.

Pero tengo fundadas sospechas de que otros países son efectivamente gobernados por pequeños comités de reyes invisibles, conocidos solamente por sus hombres de confianza, que continúan representando con naturalidad el papel de jefes legítimos.

FIN

(1) Paniaguado: Protegido y excesivamente favorecido por alguien más. 

lunes, 15 de abril de 2013

El manifiesto del Acceso Abierto


El manifiesto del Acceso Abierto
de Aaron Swartz.
Traducción al español: Giancarlo Melini

La información es poder. Pero como todo poder, siempre existen aquellos que lo quieren todo para sí mismos. Toda la herencia científica y cultural del mundo está siendo digitalizada y restringida por un puñado de corporaciones privadas. ¿Quiere leer los estudios que contienen célebres resultados en el área científica? Necesitará enviar enormes cantidades de dinero a editores como Reed Elsevier.  

Existen aquellos que luchan por cambiar esto. El Movimiento del Acceso Abierto ha luchado valientemente para asegurar que los científicos no cedan sus derechos de autor y en su lugar facilitar que su trabajo sea publicado en la Internet, bajo términos que permitan que cualquiera tenga acceso a su trabajo. Pero incluso bajo los mejores escenarios, su publicación sólo aplicará a trabajos realizados en el futuro. Todo lo realizado hasta ahora se perdería.

Ese es un precio muy alto para pagar. ¿Forzar a los académicos a pagar dinero para leer el trabajo de sus colegas? ¿Scannear librerías enteras pero solo permitir el acceso a la gente de Google? ¿Proveer artículos científicos a aquellos que forman parte de las universidades de élite en el primer mundo, pero no a los niños en el mundo en desarrollo? Eso es indignante e inaceptable.

“Estoy de acuerdo” dirán muchos, “¿Pero qué podemos hacer? Las compañías tienen control sobre los derechos de autor, ellos hacen enormes cantidades de dinero cobrando por el acceso, y es perfectamente legal, no hay nada que podamos hacer para detenerlos.” Pero sí hay algo que podemos hacer, algo que ya se está haciendo: luchar.  

A aquellos con acceso a estos recursos -estudiantes, libreros, científicos-, se les ha dado un enorme privilegio. Ustedes tienen la oportunidad de alimentarse de este banquete de conocimiento mientras el resto del mundo está excluido. Pero ustedes no necesitan -y desde luego, moralmente no pueden- conservar este privilegio sólo para ustedes. Tienen el deber de compartirlo con el mundo. Y las herramientas que pueden utilizar para hacerlo son: contraseñas de intercambio de archivos con colegas, solicitudes de descarga de archivos con amigos, etc.

Mientras tanto, aquellos que han sido excluidos no se mantienen de brazos cruzados. Ellos se han escabullido por agujeros y saltado cercas, liberando la información restringida por los editores y repartiéndola con sus amigos.   

Pero toda esta acción cae en la oscuridad, escondida bajo la tierra. Se le llama piratería, como si compartir la riqueza del conocimiento fuera moralmente equiparable a asaltar un barco y asesinar a su tripulación. Pero compartir no es inmoral -es un imperativo moral-. Solo aquellos cegados por la codicia se rehusarían a dejar que un amigo haga una copia.   

Las grandes corporaciones, por supuesto que están cegadas por la codicia. Las leyes bajo las cuales operan lo requieren -sus accionistas no se conformarían con nada menos que eso-. Y los políticos han sido sobornados por ellos, decretando leyes que les dan el poder exclusivo de decidir quién puede hacer copias.

No hay justicia derivada de leyes injustas. Es tiempo de salir a la luz y, en la gran tradición de la desobediencia civil, declarar una oposición a este robo privado de la cultura pública.

Necesitamos extraer información, de donde sea que esté almacenada, hacer nuestras copias y compartirlas con el mundo. Necesitamos tomar obras que están fuera del ámbito de protección de los derechos de autor y adherirla al archivo. Necesitamos comprar bases de datos secretas y colocarlas en la Internet. Necesitamos bajar diarios científicos y subirlos a redes de distribución de documentos. Necesitamos luchar para la Guerrilla del Acceso Abierto.

Con un número suficiente de nosotros, alrededor del mundo, no sólo mandaremos un fuerte mensaje oponiéndonos a la privatización del conocimiento, sino que haremos que eso sea cosa del pasado. ¿Te unirás a nosotros?

Aaron Swartz

Julio de 2008, Eremo, Italia.

Aaron Swartz era un joven informático que participó activamente en la programación de Reddit.com, un sitio que permite la  libre distribución de información. Además fue uno de los principales promotores del movimiento Creative Commons Se suicidó a la edad de 26 años después de una larga persecución por parte del gobierno de los Estados Unidos. Podía recibir una condena de hasta 50 años de prisión por haber hackeado una base de datos y publicado cientos de documentos científicos. La entidad titular de los derechos sobre dichos documentos no presentó cargos, pero el gobierno de EEUU lo persiguió de oficio para hacer un ejemplo de él.   

jueves, 4 de abril de 2013

Somos

Somos
de Giancarlo Melini


Los libros que hemos leído, las maravillas que hemos avistado, la música que hemos escuchado, las personas con las que hemos conversado, las películas que hemos mirado, los disgustos que hemos aguantado,  los lugares que hemos visitado,  las alegrías que hemos gozado, las emociones que hemos experimentado, las tristezas que nos han afligido, los alimentos que nos han nutrido, la familia que nos ha cuidado, los impulsos que hemos controlado, las pieles que hemos acariciado, los besos que hemos robado, las carcajadas que hemos soltado, los amigos que hemos cultivado, los desafortunados que hemos ayudado, las lágrimas que hemos derramado, las mentiras que hemos admitido, los consejos que hemos aplicado, los fracasos que nos han golpeado, las injusticias que hemos combatido, los aromas que hemos olido, las calenturas que hemos apagado, los consuelos que hemos regalado, los enemigos que nos han aplaudido, las mañas que hemos aprendido, el conocimiento que hemos esparcido, la belleza que hemos contemplado, los genios que hemos admirado, los rostros que nos han impactado, los personajes que hemos conocido, las pruebas que hemos superado, los amores que nos han confortado, las travesuras que nos han excitado, las sonrisas que nos han deleitado, las reglas que hemos violado, los apetitos que hemos saciado, los cumplidos que nos han alentado, los suspiros que nos han sosegado, las frustraciones que hemos liberado, las metas que hemos alcanzado, la perspicacia que hemos adquirido, las tonterías que hemos tolerado, los deseos que hemos anhelado, la verdad que siempre buscamos, la utopía que siempre soñamos, el mundo en el que incansablemente luchamos, las esperanzas que nunca perdemos; eso y muchas cosas más, somos.

martes, 26 de marzo de 2013

La libre circulación del conocimiento


La libre circulación del conocimiento
de Giancarlo Melini

Actualmente la civilización está viviendo lo que se llama la “era de la información”. La humanidad ha innovado diferentes mecanismos para compartir datos en cantidades y velocidades nunca antes imaginadas, y esto con un crecimiento exponencial, casi imparable. Lo anterior ha provocado que miles de millones de Gigabytes de información circulen libre y gratuitamente por la Internet sin que haya una manera efectiva de restringir esta fluidez.

Pero la pregunta clave es: ¿Por qué restringir? ¿Acaso no es importante que millones de personas alrededor del mundo tengan fácil y rápido acceso a información gratuita que mejore sus vidas en forma sustancial? Gracias a que la tecnología ha hecho sumamente viable el intercambio masivo de información, los autores de diferentes obras artísticas y científicas han perdido paulatinamente el control sobre la forma en que estas se distribuyen, perjudicando entonces el derecho que los creadores tienen de beneficiarse económicamente de sus ingeniosas creaciones. Tomando como premisa que las personas actúan únicamente incentivadas por el lucro, se puede deducir que si no existe una protección confiable hacia la libre circulación de las obras y una segura garantía de retribución económica, entonces nadie se sentirá motivado a innovar, y la civilización entrará en una edad de oscuridad.

Antes de iniciar la discusión en forma exhaustiva, es necesario definir la Propiedad Intelectual en términos simples pero claros. La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) la define como “toda creación del intelecto humano. Los derechos de propiedad intelectual protegen los intereses de los creadores al ofrecerles prerrogativas en relación con sus creaciones”. Es decir, la propiedad intelectual es el derecho que tienen un creador o inventor al uso y beneficio exclusivo de la obra que produce. La Propiedad Intelectual es un bien intangible, es un derecho abstracto y artificial originado y protegido por un ordenamiento jurídico.  

La Propiedad Intelectual inicia en el Renacimiento, cuando en forma muy dispersa y no codificada se trató de regular el control que tenían los autores sobre la circulación de sus obras, así como la participación de las imprentas en el proceso de distribución. Pero no fue hasta principios del siglo XVII, en Inglaterra, cuando se dio el primer cuerpo jurídico codificado en materia de propiedad intelectual con el Estatuto de la Reina de la Reina Ana, el cual otorgaba a los autores de las obras el llamado copyright, o exclusividad sobre la distribución para garantizar un beneficio económico. Algunos atribuyen a este cuerpo legal el surgimiento de la Revolución Industrial en Inglaterra a finales del mismo siglo XVIII, y debido a la ferviente creencia de que el incentivo económico era la base de la innovación, la normativa en materia de PI se fue perfeccionando a partir de ello hasta nuestros tiempos, estando regulada extensamente a nivel nacional e internacional. La idea era fomentar la creatividad y el progreso mediante el incentivo de lucro, lo cual no era una noción novedosa, ya se ha había concebido desde hacía siglos y se sigue sosteniendo en la actualidad

Cabe decir que la realidad tecnológica, económica y cultural del mundo es totalmente diferente en nuestros días. Crear y distribuir una obra en tiempos de la revolución industrial era caro, difícil y tardado. La creación de obras nuevas era casi exclusiva a un grupo de gente extremadamente privilegiada que tenía accesos a educación, información y conocimiento que era materialmente escaso para la mayoría de gente. Ahora cualquier persona con acceso a internet tiene a su disposición una cantidad virtualmente ilimitada de información, y además existen diversas herramientas como software y hardware gratuitos o muy baratos que facilitan la innovación. Es por ello que la regulación de hace siglos puede resultar difícil de aplicar.

Con la llegada del código abierto o conocido en inglés como Open Source, se permite la utilización gratuita no solo de software sino de prácticamente cualquier material (musical, audiovisual, científico, técnico, artístico) ha provocado una nueva revolución, una ideología sin precedentes en la que la motivación del ser humano para innovar ya no es económica, sino el hambre de aprender, de descubrir nuevas cosas y al mismo tiempo mejorar al mundo con ello. Lo anterior cuestiona la necesidad de un sistema de protección de derechos intelectuales como motor de la innovación, y hace necesario ahondar en la viabilidad de un nuevo paradigma que permita la libre circulación de conocimiento y al mismo tiempo fomente la innovación y la creatividad, dejando atrás la era de la Propiedad Intelectual.

Es importante entender que el conocimiento producido por la humanidad desde sus inicios, es producto del esfuerzo colectivo de millones -o decenas de millones- de personas que han contribuido sustancialmente -o banalmente- en la obtención del mismo. Desde el descubrimiento del fuego y la invención de la rueda, hasta la nanotecnología y la impresión 3D, las personas detrás de esos avances siempre se han apoyado el trabajo previo que han realizado otras personas. Lo han analizado, interpretado y manipulado para adquirir conocimiento derivado del preexistente, por lo que no sería justo -ni eficiente- restringir la capacidad de innovar con el conocimiento que han adquirido los demás. Si el ánimo de lucro no fuera una barrera, y en su lugar el incentivo de ver crecer a la humanidad motivara los avances tecnológicos, todos y cada uno de los miembros de la sociedad seríamos entonces científicos, inventores e innovadores, ya que tendríamos fácil -y gratuito- acceso a los recursos educativos, materiales y humanos para alcanzar dicho fin.

Aún cuando lo anterior entra en conflicto con el actual orden económico, es fundamental entender que la economía -en la connotación clásica, marxista y neoclásica- es una pseudo-ciencia, y la manera en que genera modelos de predicción no se basa en el método científico, por lo que no es la herramienta adecuada para organizar a la sociedad o para asegurar un futuro próspero y perdurable para la humanidad. Si el objetivo de la humanidad es existir, y no sólo existir, sino hacerlo de manera placentera, es necesario encontrar mecanismos que nos permitan administrar de forma más eficiente los recursos que provee la tierra y que son vitales para nuestra existencia, y la mejor herramienta para hacerlo es mediante la adquisición sistemática y metodológica del conocimiento, conocimiento que debe ser libre, de fácil acceso y en el mejor de los casos gratuito para todos. Una sociedad de innovadores con fácil acceso a recursos técnico-científicos es la mejor garantía para un futuro más próspero no sólo para la humanidad, sino para todo ser vivo que habita en la Tierra.

Diversos movimientos ya estudian la posibilidad de cambiar el paradigma de la circulación del conocimiento, a continuación algunos ejemplos:

jueves, 28 de febrero de 2013

Economía Basada en Recursos

Economía Basada en Recursos 
(breve indtroducción)
Por El Proyecto Venus
Traducción al español: Giancarlo Melini

La Economía Basada en Recursos, comúnmente abreviada como EBR o RBE (por sus siglas en inglés, Resource-based economy) es una propuesta y sistema de creación de abundancia que usa el método científico aplicado al interés y necesidades sociales. Específicamente, es un sistema global de gestión de recursos, que utiliza los principios de la teoría general de los sistemas, en donde los bienes y servicios están disponibles en forma de patrimonio común para todos los habitantes del mundo sin necesidad de ningún tipo de dinero, crédito, trueque o cualquier otro sistema de intercambio o servidumbre. Además propone basarse en el uso de la automatización avanzada y los más recientes descubrimientos, para realizar los trabajos monótonos, repetitivos, aburridos y peligrosos con sistemas inteligentes y autónomos de distribución, producción y reciclaje, de modo tal que ningún humano esté en situación de riesgo o en actividades sin sentido.

La premisa principal de este concepto y propuesta de sistema se basa en el hecho de que el planeta Tierra tiene recursos finitos pero suficientes para cubrir las necesidades vitales de todos sus habitantes, si aquellos son gestionados de forma lógica y eficiente, sin usar, ni depender del sistema monetario o de mercados.

Así pues, una EBR sobrepasa al sistema monetario y a la política como la conocemos, como métodos para resolver problemas y planear sociedades, ya que estos se asumen como anticuados, paralizantes y obsoletos; no obstante, si se promueve e impulsa la superación de los mismos encaminándose hacia una organización social horizontal y descentralizada, donde todo los individuos son igual de relevantes, y por lo tanto todos tienen por igual la potencialidad de injerencia y participación en todos los aspectos de la sociedad, sin la necesidad de que ningún individuo tenga que competir codo a codo con los demás para lograr su bienestar. En este nuevo sistema económico se hace una revisión del sistema monetario y a todos los tipos de gobierno (que incluye por ejemplo capitalismo, fascismo, comunismo, socialismo, monarquía y cualquier otra ideología económica que utilice dinero y no opere principalmente a través del método científico) señalando que hoy en día solo sirven para generar y perpetuar la escasez, ejercer la negligencia medioambiental y desperdiciar la abundancia de recursos con los que cuenta actualmente el planeta, que actualmente podrían satisfacer las necesidades de todos los seres humanos (de ser gestionados de forma eficiente e inteligente).

La razón de la afirmación previa se basa en el hecho de que todos los tipos de gobierno que actualmente conocemos y se han impuesto en la historia humana, asumen que el planeta tiene infinitos recursos, que el dinero y los sistemas que se generan alrededor de este como los bancos y otros son las únicas posibilidades y, por sobre todo, que para que la dinámica económica exista, el consumo cíclico y en espiral ascendente son la regla y parámetro a seguir, así como también la obligatoriedad de sostener ejércitos, policías y cárceles para que el orden establecido se mantenga y se obedezcan doctrinas y modelos inamovibles e irrefutables.

El sistema monetario, a su vez, en pos de perpetuarse, retiene la producción de tecnologías que podrían ser beneficiosas para la humanidad al ser estas demasiado costosas en términos monetarios, o simplemente al estar orientadas principalmente al lucro y no al bienestar y servicio humano, generando muchos problemas como ineficacia, insostenibilidad, clasismo, elitismo, violencia, crimen, guerra, corrupción, escasez artificial, contaminación, pobreza, entre otros; que podrían ser evitados si simplemente todos tuvieran acceso a las necesidades básicas y la posibilidad de realizarse como individuos.

En resumen, una EBR se perfila como una solución fuera del marco de referencia presente, la cual a su vez es emergente y plantea el uso de la tecnología, la ciencia, el sentido común y la empatía con el fin de generar un entorno para la raza humana, así como para las otras formas de vida del planeta, que sea sostenible y óptimo.

viernes, 22 de febrero de 2013

El individuo y la sociedad


El individuo y la sociedad
de Giancarlo Melini
"Separa a un individuo de la sociedad y dale una isla, un país, un continente completo para que posea él solo, y jamás podrá adquirir propiedad personal, jamás podrá ser rico." - Thomas Paine

En la actualidad existen diversas vertientes filosóficas, sociales y económicas cuyo argumento medular es situar los "derechos individuales" en un pedestal de hierro, inamovible, intocable, indestructible e inmutable. Todo aquel que tenga la audacia de cuestionar la categórica hegemonía de los derechos individuales es objeto de calificativos -peyorativos según sus partidarios- como "colectivista", "comunista" o "socialista". Cualquier intento, por más mínimo que sea, de introducir el concepto de los derechos sociales/colectivos o la justicia social es rápidamente tachado de revolucionario, radical o peor aún, terrorista -según algunos fanáticos neoliberales-. 

Para esos sujetos, los derechos individuales parecen no tener límite -salvo los derechos individuales de otros, afirman- ya que su protección es palabra santa y su crítica es blasfemia, condenable de aberración. Cualquier intento de implementar medidas socialmente justas que permitan una pacífica convivencia entre los humanos -seres sociales- se considera un atropello a la libertad personal, escupitajo al individualismo. Esta intransigente postura es muy común en nuestros días, especialmente en partidarios con ideologías de extrema derecha -clásicos liberales, neoliberales, objetivistas, republicanos, libertarios de derecha, etc.- y ha llegado a convertirse en el cimiento del discurso de los autoproclamados paladines de la libertad. 

Nuestro zeitgeist está totalmente dominado por el individualismo, el egoísmo y la competencia. Muchos no se detienen a analizar que en esencia los humanos somos seres comunales, necesitamos de los unos a los otros, y es precisamente esa interrogante la que lleva a plantear la pregunta siguiente:

¿Es más importante el individuo para la sociedad, o la sociedad para el individuo?

"El hombre es un producto social y la sociedad debe impedir que se pierda para ella." - José de Unamono

Pareciera que la pregunta misma conlleva automáticamente un conflicto entre el individuo y la sociedad, y en cierta forma así es para los apologistas de ideologías individualistas -que comúnmente buscan equiparar a la sociedad con el Estado- quienes pelean con uñas y dientes el derecho a ser un egoísta "racional", tratando siempre de retratar al particular como un pobre ser oprimido por una masa amorfa, tiránica, dictatorial, injusta y transgresora... la sociedad, representada por el gobierno. 

No hay razón alguna para “dicotomizar” o polarizar al individuo y a la sociedad. Al contrario, ambos son un complemento, se necesitan mutuamente, se basan en la coexistencia para funcionar, son simbióticos. De esa cuenta, lo que verdaderamente hay que determinar es cuál de los dos es más importante para el otro, cuál es más influyente, cuál es el que le da forma y define la acción humana. Desde ya hago saber que la sociedad es -categóricamente- el elemento más importante en esta relación simbiótica, y elaboraré mi punto detalladamente.

El individuo, según corrientes psicológicas modernas, desde su nacimiento -y tal vez desde su concepción- es producto de su entorno, es un ser biológicamente social, moldeado por su exterior, a imagen y semejanza de las circunstancias que le afectan. El ser humano necesita material y psicológicamente de los demás para sobrevivir, ello implica su innegable dependencia de lo social. El humano es el animal que más cuidado necesita antes de poder valerse por sí mismo, y al final sólo lo hace parcialmente ya que nunca llega a ser totalmente independiente -ni los ermitaños, que llevan consigo el conocimiento, objetos y habilidades que adquirieron y aprendieron viviendo en sociedad-. El hombre jamás logrará su total independencia, autosuficiencia o individualidad. Otros animales, como las serpientes, son capaces de cazar y morder desde el momento en que rompen el huevo en el que nacen, caso totalmente contrario al de la especie del homo sapiens.

En virtud de lo anterior, es válido afirmar que el ser humano, como producto del entorno, no es bueno ni malo por naturaleza, ya que su actuar está condicionado a lo que sabe, a lo que aprende, a lo que la sociedad le plantea, le propone, le muestra y demuestra. A lo que sus condiciones materiales le permiten hacer. Incluso la noción del "libre albedrío", según la neurociencia, está limitada, tal y como se ha comprobado con diversos estudios de especialistas en dicho campo, como los doctores Gabor Mate, James Gilligan y Robert Sapolsky. Se decide cómo actuar, pero no se decide las circunstancias que motivan a actúar. Por ejemplo: le gusta el chocolate, y lo decide conscientemente, pero no decide las impresiones o sensaciones que hacen que le guste. Como dijo Arthur Schopenhauer: “Una persona puede hacer lo que desea, pero no puede decidir qué es lo que desea.”

“Un exacerbado individualismo es el caldo de cultivo en el que el sentimiento de poder es engendrado y alimentado; por este motivo, es egocéntrico, en el sentido de que se afirma a sí mismo de forma arrogante y a menudo violenta cuando poniéndose en acción trata de sojuzgar a los otros.” - Teitaro Suzuki

La tesis anterior choca directamente con los fundamentos ideológicos individualistas, que representan al hombre como un Atlas, un ser heroico totalmente libre de elegir, siendo el único responsable de todas sus acciones y que él y sólo él tiene el control de su destino. Los factores exteriores son secundarios, el hombre con su "acción humana" decide transformar el entorno a su favor; lo cual no deja de ser parcialmente cierto. Y es ahí donde se entra en una discusión ontológica entre materialismo e idealismo. El hombre puede decidir cambiar su entorno, pero esa decisión esta pre-condicionada por todos los factores externos que lo llevaron a tomar dicha decisión, y son los mismos factores externos los que finalmente determinarán si la decisión se materializará. Un ejemplo claro podría ser el siguiente: Un pobre puede decidir salir de la pobreza, y para hacerlo decide educarse y trabajar arduamente. Obviamente para educarse tiene que haber escuelas, libros, computadoras, etc. y para trabajar arduamente tiene que tener en principio energía -proporcionada por el alimento-, y, en segunda instancias, acceso a medios de producción, ya sea como empleado o como empresario. El pobre no solo decide educarse, tiene que haber la infraestructura y condiciones necesarias para que él pueda cumplir su cometido. Tampoco sólo decide trabajar, tiene que haber alguien que demande sus servicios como empleado, o un cliente que demande los bienes o servicios que produce; alguien que considere sus habilidades económicamente relevantes. 

Aún siendo egoísta-individualista, el humano es colectivista, social y cooperativo, ya que al emprender proyectos personales, siempre necesitará ayuda de otros para materializarlos, ¿Acaso Rockefeller excavaba los pozos petroleros con sus propias manos? ¿Vanderbilt construyó con el sudor de su frente las líneas del ferrocarril? ¿Carnegie fundía personalmente el acero, lo moldeaba y después manejaba personalmente los trenes para entregar los pedidos? ¿Frank Gehry diseñó, fabricó y construyó el  museo Guggenheim  literalmente solo?

Es cierto que aún siendo un ser social, el hombre tiene dos facetas: la colectivista y la individualista, pero la ideología del individualismo fundamentalista trata de suprimir -sin éxito- la primera, y eso es lo que causa la disfuncionalidad de la sociedad. La estructura social obliga a competir, a ver al prójimo como un adversario al que hay que vencer -minimizar- para alcanzar el "éxito", y así “ganarnos la vida”, ganarnos nuestro derecho a existir. 

Esta sociedad disfuncional recompensa al “fuerte” con la oportunidad de alimentar a sus perros mejor de lo que el “débil” alimenta a sus hijos, e insta a no tener ningún tipo de remordimiento por ello. Es cierto también que el hombre en masa se comporta de maneras atroces; pierde las limitantes y responsabilidades que como individuo tiene y se deja llevar por el comportamiento de rebaño. Psicólogos como Gustave Le Bon, Signund Freud y Edward Bernays han elaborado extensamente ese tema. Pero aún el hombre masa es producto del entorno. La cultura determina el comportamiento del individuo y de la colectividad, nadie se salva de ella. El humano es víctima de la cultura, en lo personal y en lo grupal. 

Otro argumento de los individualistas es que la mayoría de las aberraciones son cometidas por el colectivo –siempre haciendo alusión directa al Estado-, mientras que la bondad es producto del individuo. ¿Pero en dónde aprende la bondad el individuo? ¿En dónde aprende lo que es bondadoso y lo que es malicioso? ¿En dónde aprende la moral? De su entorno, entre él, de los parámetros sociales. Algunos individualistas dogmáticos se afanan de que las grandes invenciones científicas y tecnológicas provienen del ingenio de individuos, y las tragedias globales como guerras y hambrunas son atribuibles a entidades colectivistas como el Estado. Pero no se detienen a pensar que tanto el individuo, como el Estado, son producto de una cultura colectiva. Si los lineamientos culturales son “malos”, habrá “malos” individuos y "malos" Estados. Si la escala de valores socialmente aceptados es insostenible, tanto el individuo como el colectivo operarán en base a ella, y consecuentemente el orden social será inoperante y “malo”. Es entonces donde se hace útil la propuesta de Jacque Fresco  con respecto al rediseño de la cultura: formar una civilización en base a valores sostenibles como la solidaridad, no caridad. Humanismo, no teísmo. Cooperación, no competencia. Bienestar, no lucro. Educación relevante, no disciplina para servir como herramienta industrial/comercial, como un engrane más en la máquina. Abundancia, no escasez (en el sentido material). Ase hace alusión a la escasez porque, como se ha desarrollado en otras entradas, es un elemento funcional del sistema socio-económico actual. Por último pero no menos importante: pensamiento crítico, no dogmatismo.

“Un individuo todavía no ha empezado a vivir hasta que pueda levantarse más allá de los estrechos confines de sus intereses individualistas hacia intereses más amplios que envuelvan a toda la humanidad.” - Martin Luther King Jr.

Anarquistas -anarcocomunistas o anarcosindicalistas- como Bakunin y Kropotkin, consideraron a la sociedad como la base de la existencia de todo ser humano, ya que ésta lo precedía y además guardaba todo el conocimiento que posteriormente forjaría la personalidad del individuo, lo proveería de herramientas fundamentales como el idioma y el pensamiento crítico, volviéndolo de esa forma en un ser creativo e innovador; que se apoya del saber social y de las herramientas colectivas para producir conocimiento que después puede ser aprovechado, interpretado, modificado o mejorado por otros individuos -o grupos, o Estados-. Incluso el expositor con matices derechistas Matt Ridley, reconoce que el conocimiento está disperso y plantea la teoría del “Cerebro Colectivo”, estableciendo que el saber -conocimiento, cultura- se transmite de ser humano en ser humano, de generación en generación, de tal cuenta que todos al mismo tiempo pueden llegar a ser -y son, en mayor y menor medida- parte del saber colectivo. Carl Sagan dijo una vez que la quema de la Biblioteca de Alejandría fue como un daño cerebral auto-infringido por la humanidad a su  propio cerebro colectivo.

Se infiere que el individuo sin la sociedad no es nada. Pero de igual forma, es válido alegar que una sociedad sin individuos, no es sociedad. Lo cual es cierto -por eso la relación simbiótica entre individuo y sociedad-, pero es válido afirmar también que son muy pocos los individuos que tienen un impacto sustancial en la sociedad, en cambio la sociedad tiene un impacto definitivo en todos los individuos, a menos que se hayan criado solos y  bajo de una roca. 

Ojalá la sociedad estuviera infestada de individuos como Einstein, Sagan, Tesla, Galileo, Copérnico, Fuller, Da Vinci, Fresco, Newton, Leibniz, Aristóteles, Sócrates, etc. Pero no es así. Sin embargo, estos genios llegaron a ser lo que fueron por la influencia de otros genios que adquirieron y emanaron conocimiento antes que ellos. “Si puedo ver más allá es porque me sostengo en los hombros de gigantes.”. Frase que se le atribuye originalmente a Bernard de Chartres, y que fue repetida por Newton, Einstein y Fresco. Significa que lograron hacer lo que hicieron porque tuvieron a su alcance el conocimiento y las ideas que sus predecesores produjeron. Derivaron su conocimiento y sus aportes de información preexistente, como lo hace todo ser humano. 

La sociedad está presente en cada individuo y eso es innegable. El entorno social es un factor determinante, decisivo en el actuar del individuo, y quien lo niegue tendría que comprobar la existencia de alguien nunca se ha valido de nada ni nadie exterior a sí mismo(a) para forjar su criterio -lo cual es imposible-. ¿Acaso nunca ha leído un libro, visto un documental, escuchado una conferencia, oído una canción, estado en una clase o escuchado una noticia? ¿Inventó su propio idioma, sus propias reglas sociales y sus propias leyes naturales?

Hace meses, por las redes sociales circuló una historia -si es cierta o no, es irrelevante- sobre un antropólogo que viajó África para conducir un experimento. Colocó en la base de un árbol una canasta de frutas y le dijo a un grupo de niños que corrieran hacia ella. El primero en llegar, la recibiría como premio. Cuando el antropólogo dio la orden de salida, todos los niños se tomaron de las manos y caminaron juntos hacia el árbol. Al llegar se repartieron el botín y disfrutaron todos de las frutas. Cuando el sorprendido antropólogo les preguntó que por qué habían hecho eso, los niños le contestaron todos al unísono “Ubuntu: Yo soy porque nosotros somos ¿Cómo uno de nosotros podría ser feliz si todos los demás están tristes”. Es cierto que este relato es bastante romántico, pero si de alguna forma se lograra adaptar a la realidad el ideal de Ubuntu, se alcanzaría una civilización mucho más propensa al bienestar y a la salud mental de todos los involucrados, e incluso no involucrados.

En conclusión es claro y contundente: la sociedad y la cultura son factores que están por encima de las decisiones personales de cada individuo -por más tiránico que esto se oiga-. Si queremos que los individuos sean “buenos”, creativos, solidarios y felices, se debe promover una cultura y un modelo social que facilite eso, no que lo limite, lo castigue o que lo suprima. 

El jurista italiano Sergio Cotta dijo una vez que: “…El individuo, en cuanto imperfecto, tiene constitutivamente la necesidad de los demás para ser él mismo: es, por naturaleza, ‘yo-con-el-otro’. Una coexistencia que no es ocasional y soslayable, sino la expresión de una condición ontológica, natural. Si el individuo quiere alcanzar una conciencia de sí mismo, no puede dejar de adquirir conciencia de su propia capacidad de relación… Nadie puede vivir sin abrirse, sin cooperación mutua, y si cada uno es libre de comportarse como le parezca, la vida está en constante peligro, se vuelve insegura, y el perfeccionamiento integral de uno mismo se hace precario cuando no imposible, puesto que estaríamos a expensas de la mera fuerza, según la ley, precisamente, de la selva.”

“Al final, qué es un océano sino una multitud de gotas” – David Mitchell, Cloud Atlas.

martes, 19 de febrero de 2013

La Abolición del Trabajo (II)






La Abolición del Trabajo (II)
de Bob Black
La Abolición del Trabajo y otros ensayos (1985)
Traducción al español: Giancarlo Melini


Así es el “trabajo”. Jugar es lo opuesto. Jugar es siempre voluntario. Lo que de otra forma sería juego se vuelve trabajo si es forzado. Es axiomático. Bernie de Koven ha definido el juego como la “suspensión de las consecuencias”. Esto es inaceptable si eso implica que jugar no tiene consecuencias. No es que el juego no tenga consecuencias. Eso sería rebajar al juego. El asunto es que las consecuencias, si las hay, son gratuitas. El jugar y el dar están estrechamente relacionados, son facetas conductuales y transaccionales del mismo impulso, -el instinto de jugar-. Ambos comparten un desdén aristocrático de resultados. El jugador obtiene algo del juego, es por eso que juega. Pero la recompensa esencial es la experiencia que se tiene de la actividad misma (sea lo que sea). Otros estudiosos del juego, como Johan Huzinga (Homo Ludens) definen el juego como “seguir reglas”. Yo respeto la calidad de erudito de Huzinga pero enfáticamente rechazo sus aserciones. Hay muchos juegos buenos (ajedrez, baseball, Monopoly, Bridge) que están gobernados por reglas pero hay mucho más que jugar que sólo “seguir reglas”. Conversar, el sexo, el baile, viajar –estas prácticas no están gobernadas por reglas pero son ciertamente juego-. Y las reglas pueden ser jugadas –modificadas- tan fácil como cualquier otra cosa.


El trabajo se burla de la libertad. El lema oficial es que todos tenemos derechos y que vivimos en una democracia. Otros desafortunados que no son libres como nosotros viven en estados policías. Estas víctimas obedecen órdenes ¡o sí no!, sin importar cuán arbitrarias sean. Las autoridades los mantienen bajo constante vigilancia.  Los burócratas estatales controlan hasta los detalles más pequeños de la vida cotidiana.  Los oficiales que los oprimen son cuestionables únicamente por sus superiores, públicos o privados. De cualquier manera, la desobediencia es castigada. Los informantes se reportan regularmente con las autoridades. Todo esto se supone que es algo malo.

Y lo es, pero no es nada más que una descripción del lugar de trabajo moderno. Los liberales, conservadores y libertarios que lamentan el totalitarismo son unos falsos e hipócritas. Hay más libertad en cualquier dictadura moderadamente Estalinista que en cualquier lugar de trabajo Americano. Se encuentra la misma clase de jerarquía y disciplina en una oficina o fábrica que en una prisión o monasterio. De hecho, como Focault y otros han mostrado, las prisiones y las fábricas se crearon aproximadamente al mismo tiempo, y sus operarios conscientemente se prestaban unos a otros las técnicas de control. Un trabajador es un esclavo de tiempo parcial. El trabajo le dice cuando presentarse, cuando se puede ir, y qué tiene que hacer durante ese tiempo. Él dice cuanto trabajo hay que hacer y que tan rápido. Está libre para usar su control al límite de la humillación, regulando, si así le place, la ropa que usa el trabajador o la frecuencia con la que se va al baño. Con unas pocas excepciones puede despedir por cualquier razón, o sin razón alguna. Espía a los trabajadores con informantes y supervisores; amasa un enorme expediente de cada empleado. Responder es “insubordinación”,  como si el trabajador  fuera un niño travieso, y no solo hace que lo despidan, sino que también descalifica para pedir compensación de despido. Sin necesariamente aprobarlo para ellos tampoco, reciben exactamente el mismo trato que reciben los niños en sus casas y en sus escuelas, justificado en éste último caso en la supuesta inmadurez. ¿Qué dice esto acerca de los padres y maestros que trabajan? 

El denigrante sistema de dominación que he descrito rige sobre la mitad de horas de actividad de la mayoría de mujeres  y la vasta mayoría de hombres por décadas, la mayoría de sus vidas. Para ciertos propósitos no es muy engañoso llamar a nuestro sistema democracia o capitalismo o -mejor aún- industrialismo, pero su verdadero nombre fascismo de fábrica u oligarquía de oficina. Cualquiera que diga que la gente es "libre" está mintiendo o es estúpido. Eres lo que haces. Si tú haces trabajo aburrido, estúpido y monótono, es probable que termines siendo aburrido, estúpido y monótono. El trabajo es una mejor explicación para la tétrica cretinización a nuestro alrededor que incluso esos significativos mecanismos de idiotización como la televisión o la educación. Las personas que son regimentadas todas sus vidas enviadas a trabajar después de la escuela y frenada por la familia desde el principio y la crianza de su hogar al final, están habituadas a la jerarquía y fisiológicamente esclavizadas. Su aptitud para la autonomía está tan atrofiada que su miedo a la libertad está dentro de sus pocas fobias racionales. Su entrenamiento para la obediencia en el trabajo se transfiere a las familias que comienzan, de esa forma reproduciendo el sistema en más de una forma, y en la política, cultura y todo lo demás. Una vez drenas la vitalidad de la gente en el trabajo, ellos seguramente se someterán a la jerarquía. Están acostumbrados a hacerlo.

Estamos tan cerca al mundo del trabajo que no podemos ver lo que nos hace. Tenemos que confiar en observadores externos de otros tiempos u otras culturas para apreciar el extremismo y la patología de nuestra actual posición. Había un tiempo en nuestro propio pasado cuando la "ética del trabajo" hubiera sido incomprensible, y tal vez Weber estaba metido en algo cuando trató de amarrar su aparición con una religión, el Calvinismo, el cual si hubiera surgido hoy y no cuatro siglos atrás hubiera sido inmediata y apropiadamente etiquetado como un culto. Pero así es el asunto, nosotros solo tenemos que dibujar sobre la sabiduría de la antigüedad para poner el trabajo en perspectiva. Los ancestros vieron el trabajo por lo que es, y su visión prevaleció, a pesar de los maniáticos calvinistas, hasta que fue derrocado por el industrialismo, pero no sin antes recibir el visto bueno de sus profetas.

Vamos a pretender por un momento que el trabajo no convierte a la gente en un sumiso embrutecido. Vamos a pretender, en desafío a cualquier psicología coherente y la ideología de sus promotores, que no tiene efecto en la formación del carácter. Y vamos a pretender que el trabajo no es aburrido y extenuante y humillante como todos sabemos que realmente es. Incluso así, el trabajo seguiría burlándose de cualquier aspiración humanística y democrática, sólo porque usurpa mucho de nuestro tiempo. Sócrates dijo que los trabajadores manuales eran malos amigos y malos ciudadanos porque no tienen tiempo de cumplir con las responsabilidades de la amistad y de la ciudadanía. Él estaba en lo correcto. Porque el trabajo, sin importar lo que hagamos seguimos viendo nuestros relojes. Lo único libre del así llamado "tiempo libre" es que no le cuesta nada al jefe. El tiempo libre es mayormente dedicado a prepararse para ir a trabajar, ir a trabajar, regresar de trabajar y recuperarse de trabajar. El tiempo libre es un eufemismo para la peculiar manera en que el trabajador como factor de producción no sólo cubre sus propios gastos de transporte de ida y vuelta al lugar de trabajo sino que asume la prioritaria responsabilidad de mantenerse y repararse a sí mismo. El carbón y el acero no hacen eso. Los cueros y las máquinas de escribir no hacen eso. Pero los trabajadores sí. No hay duda de por qué Edward G. Robinson en una de sus películas de pandilleros exclamó: "El trabajo es para los exprimidos."

Ambos Platón y Jenofonte atribuyen a Sócrates y obviamente comparten con él la conciencia de los destructivos efectos del trabajo sobre el trabajador como ciudadano y como ser humano. Herodoto identificó el desprecio al trabajo como un atributo de los griegos clásicos en la cúspide de su cultura. Para tomar solamente un ejemplo romano, Cicerón dijo que "cualquiera que dé su trabajo por dinero se vende a sí mismo y se pone a sí mismo al nivel de los esclavos."  Su franqueza es muy rara en la actualidad, pero las sociedades primitivas contemporáneas que solemos mirar con desdén han proporcionado voceros que han iluminado a los antropólogos occidentales. Los Kapaku de Irán del Oeste, según Poposil, tienen una concepción de balance en la vida y de conformidad solo trabajaban un día sí un día no, el día de descanso estaba apartado para "recargar el poder y la salud perdidas." Nuestros ancestros, aún tan reciente como en el siglo dieciocho cuando todavía estaban tan lejos del camino de nuestro actual predicamento, por lo menos estaban consientes de lo que nosotros hemos olvidado, el lado oscuro de la industrialización. Su religiosa devoción a "San Lunes" -entonces estableciendo de facto la semana de 5 días entre 150 y 200 años antes de su consagración jurídica- era la desesperanza más grande de los antiguos dueños de las fábricas. Ellos se tomaron un largo tiempo para subyugarse a la tiranía de la campana, predecesora del reloj. De hecho fue necesario que una generación o dos reemplazaran a los hombres adultos con mujeres acostumbradas a la obediencia y niños que pudieran ser moldeados para ajustarse a las necesidades de la industria. Incluso los explotados campesinos del antiguo régimen se tomaron un tiempo sustancial desde la época del trabajo a su señor feudal. Según Lafargue, un cuarto del calendario de  los campesinos franceses estaba dedicado a los domingos y a los días santos, y las cifras de Chayonov sobre las aldeas de la Rusia Zarista -apenas una sociedad progresista- igualmente muestran un cuarto o quinto del calendario de los campesinos destinado al reposo. En control la productividad estamos muy por detrás de estas ancestrales sociedades. Los explotados mujics se preguntarían por qué nosotros seguimos trabajando. Nosotros también deberíamos.

Para comprender la completa enormidad de de nuestro deterioro, es necesario sin embargo considerar la más temprana condición humana, sin gobierno ni propiedad, cuando deambulábamos como cazadores-recolectores. Hobbes argumentó que la vida en ese entonces era sucia, brutal y corta. Otros asumieron que la vida era una desesperada e incesante lucha por sobrevivir, una guerra librada en contra de la dura naturaleza con la muerte y el desastre esperando al infortunado o cualquiera no fuera lo suficientemente fuerte para enfrentar el reto de la lucha por la existencia. En realidad, esa no era más que una proyección de miedo al colapso de la autoridad del gobierno ante comunidades que no se ajustaban a acatarlo, como la Inglaterra de Hobbes durante la Guerra Civil. Los compatriotas de Hobbes ya habían encontrado formas alternativas de organizar a la sociedad que ilustraban otros modos de vida -en Norteamérica particularmente- pero estos ya se alejaban demasiado de la experiencia como para ser comprensibles.  (Los órdenes más bajos, más cercanos a la condición de los Indios, lo entendían mejor y usualmente lo encontraban atractivo. Durante el siglo diecisiete, colonos ingleses que desertaban para irse con tribus indias, o los capturados por la guerra, se rehusaban a regresar. Pero los indios desertaban tanto a las colonias blancas como los alemanes saltaban el Muro de Berlín desde el oeste).  La versión de “la supervivencia del más fuerte” -la versión de Thomas Huxley- del Darwinismo era una mejor la mejor forma de describir las condiciones económicas de la Inglaterra Victoriana de lo que era la selección natural, tal y como el anarquista Kropotkin mostró en su libro “El Apoyo Mutuo, un factor de la evolución”. (Kropotkin era un científico -un geógrafo-  que había tenido una amplia e involuntaria oportunidad de trabajo de campo mientras estuvo exiliado en Siberia: él sabía lo que estaba hablando). Como la gran mayoría de de teoría político-social, la historia que Hobbes y sus sucesores contaron era en realidad una autobiografía no reconocida.

Continuará.